domingo, 11 de octubre de 2020

fenómenos casi normales

 

Paisaje es la primera palabra, la segunda
es Milagro. Con ellas puede construirse el Mundo.
 
El Paisaje consta de una dimensión pura, hay un campo que lo permea
todo, una ciudad incomprensible-
mente abierta, con su Avenida de San Diego años setenta, su Avenida South Presa (2011).
El parque es
colateral, figura en el callejero de la noche anterior,
pero de noche es mejor no divagar.
 
Eventos que proceden, cosas hechas,
cosas que agradan al espectador; para el milagro puede contarse con un Ángel
(no con dios), su presencia (no su existencia) podría considerarse recomendable (no necesaria). El milagro
resulta ser una profesión, es un artilugio profesional, de mucho oficio,
aconfesional también.
 
Con dos palabras se construye un Mundo, dos
estados de confusión, dos estatuas plantadas sobre la eterna cumbre del olvido, el campo
cuántico que describe la única fuerza que se te va por la boca, la fuerza
del lenguaje.
 
El poema es simplemente función de onda,
función de obra, no funciona sin casco y guantes de soldador, sin la sierra
radial, el martillo neumático y el arnés de seguridad. Picando piedra se consiguen ilusiones a crédito,
es más sencillo que rezar en una celda de excel,
más fácil que ocupar la casilla de salida del tablero de ajedrez (¿qué casilla es?). Los dioses,
son contribuyentes netos a la industria de la salvación individual,
hay toda una liturgia (¿o era una metalurgia?) para eso.
 
Paisaje suena como un bulto en la axila derecha, suena a universo
pendiente de crear(se), a falso vacío en busca de una escalada redentora. Milagro suena a rombo o a fuego
a discreción, a visita inesperada. Las vemos en el cine –las dos
palabras juntas– y cada una nos entra por un ojo,
y cada una es medio nueva
en realidad.



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