domingo, 12 de julio de 2020

esta rara manía de vivir

Nos âmes se parlaient à deux mille ans
Dans une langue que personne ne comprend*
(Pomme)

Esa obsesión de los franceses con la muerte. No tenemos arreglo,
solo miedo. La soledad se le parece un poco, un estado
intermedio, intermitente, por ejemplo entre la multitud, por ejemplo en un estadio abarrotado,
entre el gentío que colorea las aceras, una entre un millón.

El Ángel es una entre un millón, su contoneo tiene algo de esperpéntico para los mortales,
algo demasiado coherente, una elegancia aritmética,
práctica como un manual de buenas intenciones, un matiz llamativo.

          Llaman a la puerta y siempre es la policía
que pregunta por la noche anterior, por la noche de autos, dónde estuvo usted a las tres de la mañana:
tomando el té. Llaman a la puerta y es un efecto
llamada que te pone los pelos de punta.

Sabemos que toda muerte es natural, pero no es preciso
acelerar los trámites del procedimiento ordinario; la melancolía ya hace su trabajo, y suena
la hermosa voz de Pomme acompañada por su arpa contenida, su guitarra espacial,
su francés lyonnais y formidable (y su extraña obsesión).

Los ángeles dijeron que no podían morir aunque lo deseasen con la fuerza
incalculable de los que van a morir, aunque saludasen con firmeza a su verdugo. A ver si los dioses
van a desear la muerte ahora, después de haber
soñado toda esta guerra santa, este exilio aplastante.

Oh, petite pomme, tan exigente, autónoma y radical. Su pequeña manía
con los ojos desorbitados, su boca de manzana que paladea despacio la palabra es-que-le-to,
la calavera que sobresale de la hierba mal cortada, que está como escondida quizás y ha permanecido
así de quieta durante una eternidad insuficiente.

Ah, esta obsesión nuestra con la vida, esta terquedad respiratoria, esta inflamación
de las posibilidades, esta contumacia nuestra
tan ajena y tan propia de los pobres de espíritu.


* Nuestras almas se hablaron hace dos mil años
en un idioma que nadie entiende.


viernes, 10 de julio de 2020

matadero existencial


Debo impedir que mis ideas se evaporen en poesía
(Kierkegaard)

Quien no conoce la biblia, la historia de Abraham, las penalidades,
quien no parece ser
un arribista. El dilema pertenece al ser, será que somos asesinos en potencia,
nuestro exponente es un cartucho de dinamita colocado entre dos cuerpos, nuestro avatar
es una bomba de arena, un monte.

La palabra es el monte. Decimos la palabra
y se nubla, el cielo adquiere una ignorancia, una ondulación, son colinas
actuantes, diseñadas así para los ojos, encañonadas por el sol en la distancia,
horadadas por cientos de oscuras madrigueras. Decimos
que la hierba es la fuerza motriz, el ser y lo último que veremos antes de la muerte.

No somos existencialistas, pese a lo extraordinario, pese a la longitud
honrosa de nuestra carrera artística, esta vida llena de tiempo perdido; se busca tiempo en tiempo real,
en la caja de los truenos del pasado. Nuestro futuro
pende de un cuchillo carnicero, somos matarifes de toda una nación de víboras, somos
el águila que asciende en el pecado y lleva una vida entre las garras.

Mudos (a primera vista). Permanecemos
atentos como Job (en un ¡ay!), el estoicismo es nuestra patria, nuestro único patrimonio, la unanimidad
de las emociones nos guía por los túneles del cielo.

Hemos subido al tren del mes que viene, un tren
orgulloso de su recorrido vital; saludamos a Katerina, bella y desconocida, saludamos
a todos y todos nos dirigen la palabra, organizamos un baile entre vagones de distintas
categorías filosóficas. Luego, el salón yace vacío como una escuela un día de verano,
como un espejo en medio del olvido.

Nuestra locura bajo el mismo techo, bajo el digno paraguas de la realidad;
manga por hombro, la literatura, la manga ancha de la literatura adaptándose a la jeroglífica crítica voraz,
el cristianismo hecho carne por una sola vez,
nuestra aleta dorsal descollando sobre la superficie de la nada.



miércoles, 8 de julio de 2020

grosso mo(n)do


Oh, este cráneo pelado, carnoso y demodé. Nuestra política es
desentendernos, nuestro programa de reconstrucción. Allá las muchachas
dulces esculpen sus brocados, ¡allá sueñen los pájaros un día de tormenta! Seguimos a la espera.

Las antenas son quintacolumnistas,
las aves se contienen, los insectos. Hay un tamaño para cada estación,
para cada cosa che succede. Casas literales,
casas de un solo uso, casas huecas. Hay casas en una calle de Roma, habitaciones
que, simplemente, arden.

Sobre las cenizas del templo
edificaremos un arte sin permiso, propondremos un quiosco evanescente, un revistero
aciago, anotaremos la vida con todos sus pormenores
soeces, testigos de una pena inabarcable.

Angels go home! Tenemos todo el día
para hacer el bien (y rehusamos), somos metáforas
andantes de una mala decisión, perpetuamos nuestra afectada desinencia, nuestra rima tasada.

Expiramos en falso, damos un paso: en falso, falsificamos
obras ajenas (un poema de Emily D.), incluso un poema de Emily D., ¡qué desfachatez!
Nuestra política es una exageración, estrenamos incluso
zapatos nuevos y recorremos el empedrado
celeste, ladrillo por ladrillo, como si nos acabaran de dar el alta
de un lugar llamado diazepan.

Oh, este mundo alienígena, tan sepultado en su lengua materna,
tan de cuerpo presente, subterráneo como un ferrocarril.

Viene pegando fuerte la corriente del metro,
es repugnante su aliento fétido,
claramente cálido, árido y escalonado, trae el aroma salvaje de la tierra quemada,
el sello impredecible de la felicidad y sus miserias.




martes, 7 de julio de 2020

agrio


Corred, la sombra ha tropezado,
hay una oblicuidad siniestra en la palabra, una protuberancia ante la luz. El Parque
ha retornado a su indolente simetría, esa zanja perpetua de las obras, ese olor a polvo
inteligente.

Hay tejas por el suelo, algo de sangre se licúa en el espejo,
resplandece como una bendición acalorada; la tapia concentra
su seriedad mural, imprime un significado iconoclasta. Hay vallas por los suelos, ladrillos carcomidos,
miseria que se reconoce por su atuendo, un manual de azulejos estrellados contra siete
conatos de infortunio.

El casco del obrero refleja una autoridad estival, a su lado, unos guantes tan usados,
una mala noticia, un verso corregido a destiempo. La unanimidad de la conciencia (se produce)
cuenta como una verdadera antología.

Hay toldos por el suelo, todo vuela, las hojas, las hojas del periódico de ayer, las hojas del periódico de siempre.
Voces que venden aire a peso de oro, reclaman una muestra del instante,
voces apagadas que rememoran otra claridad, otro despertar distinto de la vida,
otra ausencia distinta de la muerte.

De pronto el Ángel ha rebatido su postura de Ángel y ha puesto el dinero encima de la mesa,
ha puesto el pan encima de la mesa para todos, ha musitado lo contrario a una oración, un rezo disidente,
un credo agrio que luego se volvía hacia la noche abierta derribando una luna de monedas de plata.
Ha reemplazado a su padre por el padre de todos.

Soñad; la sombra ha tropezado en la mañana,
la montaña ha difundido su roca al pie de la ribera y el agua se ha lanzado
contra el viento descimentando un montículo de nubes sembradoras. Ah, esta luz halógena del espacio a medio hacer,
esta melancolía súbita, este sueño de caer
rendido después del trabajo y este día de ayer que llega tarde.



viernes, 3 de julio de 2020

cirugía popular


Es fiesta hoy. El sábado es fiesta, el domingo no. El viernes es fiesta;
a la fiesta se accede por la puerta de atrás, entonces te ponen un sello en el dorso de la mano
y todo pasa a ser en blanco y negro, mucho mejor que el tecnicolor y su patológica exterioridad.

El blanco y negro parece más innovador
que la saturación colorista, útil para el cine de autor, útil para la autoría
ineluctable, el parachoques valioso y tan práctico contra el tsunami de la realidad
que abochorna y cronifica su pesadez auténtica.

La ciudad se transforma en el B/N propio de la modernidad, infinitas
posiciones del gris: perla, marengo, azul ceniza, incluso rojo para los masoquistas, incluso un gris amarillento
demasiado picante, gris mostaza, gas mostaza, un gris para cada ocasión, un negro menos negro
que las amapolas, menos negro que una bolsa de cartón. Un blanco
casi-casi real, casi crudo, casi arroz, atroz, un blanco
introspectivo, plomizo y casi-casi cirujano.

La ciudad oculta su infamante policromía, aquel
verde manzana de las emociones gratuitas, aquel monóxido de carbono pavonado y perfecto,
aquel óxido tan orange como un ácido californiano: el color se va del mundo
por un tubo de escape vegetal y deja un arcoíris como otros dejan un rastro de sangre.

Pero es fiesta, las chicas instruyen una música
irrecuperable, un cruce entre King Princess y The Beatles, ¿qué podría salir mal?
Retales de paraíso por doquier, aquí y allá una nube
de algodón, un charco efervescente, unos zapatos nuevos de charol colgados del cable de la luz.

Incluso alguien se pone a escribir y le sale una caligrafía
estilo zen, pero no sabe japonés y el signo viene a confesar algo desconocido; las chicas
dicen que no es una firma corriente, que es otra forma del milagro que esperan:
la primera palabra de la primera canción pegadiza del baile.



miércoles, 1 de julio de 2020

obras de emergencia


Toneladas de libros no han derribado la Luna. Elegid una ciudad,
elegid un idioma; la ciudad es lo de menos, todas incuban sus trenes escondidos,
sus letras iniciales, todas alojan en su vientre el acrónimo
perfecto.

Aquí Destiny® no es un Ángel (todavía), tiene un lápiz en la mano, un bote de pintura,
lo agita y surge ese ronroneo preliminar, ese preludio intacto del color. En su cuaderno
dibuja o escribe, interroga a la realidad. La realidad: los trovadores
ensayan un retiro elegante, presumen de asonancia.

Elegimos un cubil, un cuadro en progreso, apenas un esbozo del tiempo, un bosquejo del bosque,
un interludio. Vivimos un tiempo interesante, nuestra música es un remedo,
ahora escuchamos a Led Zeppelin con reverencia, ahora masticamos la inocencia
extraordinaria de Joplin, nos enorgullecemos de Hendrix y su meritocracia. Ahora nuestra ciencia
pregunta por los clásicos, nuestra teoría de cuerdas es un lastre, un atolladero
decadente.

Destiny® no hace milagros, a la ciudad se llega bendecido de casa,
del barrio hay que escapar con un tiro en la pierna, ya con las esposas puestas, ya cacheado
y arrastrado por los suelos; hay que salir de casa con la rodilla del cop en la garganta,
con ese estado de ánimo insuperable.

De los libros, mejor no hablar. Mejor escribir lo primero que se nos pase por la cabeza y luego,
desafiantes, pasar a mejor vida. No es posible emular a Roth a los 85, no es deseable. A los 85,
hasta los ángeles pasan a mejor vida. A los 85, es imposible renovar el carnet de escritor,
¡que no te lo sacas de la manga!,
¡que no se escribe por amor al arte!

Nuestra teoría de cuerdas ha sido una pérdida de tiempo. Literalmente. Destiny®
obra su cuerpo en obras, su mente instalada en la pura emergencia
emocional, su corazón a punto de cambiar de fase, cogiendo carrerilla
para subir al último tren abarrotado.



lunes, 29 de junio de 2020

nada que decir


Ella conoce todas las palabras,
todas las respuestas,
todos los silencios. Por eso
renuncia, arrasa las cortinas del aire y vuela
y se desvanece.

Es el pájaro carpintero que canta y se demora, hace un alto en su trabajo
para comunicar un desperfecto, un temblor a la lumbre del hogar.

Es el arpa que bucea en el agua templada de las ensoñaciones,
hace un alto en su búsqueda, su atareada indiferencia, y cabalga.

Es la madera que edifica su nombre, rectifica un segundo de nostalgia,
que hace un alto en su estructura, recita esa línea maestra de los arquitectos.

Ella conoce todas las palabras,
juguetea, pestañea, bordea la cordura, atraviesa el mundo,
se abre paso a través de una espesa niebla de sonidos, un destello de señales
ingeniosas, una lengua de signos inventados.

Es la letra pequeña que se abre y se concentra en la profundidad
de sus raíces.

Es la noche que rodea las separaciones, los descansos, la repulsión de los imanes,
el varadero donde se abrasan los labios entornados.

Ella conoce el punto del silencio,
su ética revolucionaria, y se entrega a la frecuencia
sísmica de los últimos deseos. Sobrevuela la madeja insomne,
el parloteo febril de los amigos, la cantinela sorda de las madres.

Es la tormenta que resuelve con saña la soledad del cielo
y se perfila y se lanza como una mariposa terrible
sobre un rosario de lamentaciones.



sábado, 27 de junio de 2020

joe


Ahora el vacío es una pecera
ni siquiera espaciosa, una modesta campana de agua clara
como el abecedario ante la que el mar se inclina, las olas reducen su cabellera
vibrante.

Ejércitos de espuma sobrevuelan la noche, de fondo,
la metamorfosis ondea su vahído, se produce una personificación de la materia,
ojos que auscultan la ingratitud del paisaje, su pobreza
litúrgica; en la distancia, unos labios parten
hacia la salvación mecánica de su conciencia, deletrean su nombre:
a d i ó s.

Destiny protege el Parque, gira la manivela que abre las puertas del infierno que es,
sella el puente levadizo y los tiburones gatean su entusiasmo, su hambre funesta. El color
verde sombrea la sombra de los girasoles, la medida exacta del líquido que se pronuncia,
la quinta esencia o el condensado de Bose-Einstein
correspondiente.

Sobre la hierba,
formas exóticas de la vida en común, pájaros licenciosos, aves
con acento de Brooklyn, gatos como Don Gato y perros sin collar.

El Parque anuncia su portento, resulta demasiado compacto para desentonar entre la aristocracia,
obra su décima compañía teatral, rueda su película
sonámbula con Joe Pesci como especialista de lujo.

Cuando hay música, se escucha un latigueo
menudo, fracasado. El Rap ahonda en sus contradicciones, se parte en dos: el Hip y el Hop
cuentan, cada uno, una historia diferente. En medio de todo,
hay drogas y cuadros inacabados, está el grafiti del siglo. El vacío
es una manera de olvidarse, un recuerdo que vuelve
de la parte más bella del silencio.




jueves, 25 de junio de 2020

hay


Parece desierto, pero. Hay almas. Acurrucadas,
aéreas, formando un quebradero, un legado
en zigzag relampagueante.

Algunas curiosidades sobre las almas, que pueden:

             llevar una camisa
             perder un botón de la camisa
             sufrir amputaciones

Precisamente,
las almas son buenas conocedoras de las bellas artes. Poned un alma
frente a un caballete, un lienzo en blanco y observad
cómo realiza un voraz movimiento de pinceladas
y réplicas (que alguien podría definir como espasmódico) para dar a luz un espacio
museístico de intensa magnitud. Digamos un episodio carnal
semejante a un simulacro de Bacon (nunca un paisaje de Constable), arlequín demediado,
fantasma en el vacío de Schiele,
vigoroso átomo en Basquiat.

Incluso sobrecogedoras. El desierto
languidece sin ellas, sin ellas
solo es una línea de diálogo en el horizonte, un glacial de vacaciones, la taiga dominante,
una ladera de la gran Armenia
con sus rebaños ausentes, su hierba inmaculada.

Acaso vuelen o planeen acciones. Acaso rueden por el aire como gotas
de lluvia, escalen la gravedad del cielo o se lancen en paracaídas sobre la arena
durmiente. Solo los Ángeles las clasifican,
autorizan viajes y conceden visados,
solo los Ángeles desertizan el mundo para ellas.



martes, 23 de junio de 2020

el mundo (de otro modo)


El mundo es el final de la belleza;
todo lo que no existe, eso es el mundo,
toda la luz que cabe en un segundo,
toda la vida que a morir empieza.

Bajamos por las anchas avenidas
con los puños en alto, somos bellos,
nuestras vidas importan, nuestras vidas
importan la mitad que las de ellos.

Decimos la verdad, no nos callamos,
alzamos los martillos y las hoces
porque somos obreros de mil ramos
y llevamos la sangre en nuestras voces.

El mundo es el final y es el camino,
la vía que recorre nuestros sueños,
por él viajamos solos, sin destino,
contando el tiempo del que somos dueños.

Nuestro arte es la piel, negra y perfecta,
bruñida por el sol en sus talleres,
la inmensa claridad que se proyecta
desde nuestro taller de amaneceres.

Bordamos la bandera de la forma,
somos una manera de otro modo,
nuestro verso se sale de la norma,
es un silencio que lo dice todo.

El mundo es el final, la luz se para,
todo lo que no existe, la hermosura,
aquel vivo color que el cielo alzara,
se interna en un convento de clausura.

Llevamos la razón como un escudo
contra la eternidad y sus chantajes
y se nos hace en la garganta un nudo
de tanto descubrir nuevos lenguajes.

Son gajes del oficio, nuestro oficio.
Artesanos que somos de la pena,
prestamos por amor este servicio,
lo nuestro es trabajar por cuenta ajena.

El mundo es el final y, ciertamente,
parece de verdad cuando es mentira,
cuando no existe sino en nuestra mente
y solo en ella eternamente gira.



viernes, 19 de junio de 2020

the ecology


La ciudad se abre al vértigo, la marea indetectable,
sordo céfiro lejano. Bajo los edificios, se edifican historias, remontan los espectros,
aumenta la frecuencia de contacto, un movimiento religioso, simple; está en los saltos de los niños,
su griterío elástico, su fantasía
pormenorizada.

No existe otra palabra: el prodigio ascendente, ¡la rubedo! El milagro
perdura en el imaginario selectivo, la trastienda de la intelectualidad. Los filósofos se adentran
en el ánimo de una generación, voltean las referencias anteriores,
sacan a subasta la piedad del mundo.

Ella ha realizado una obra general, realmente única,
acto unánime y victorioso. El triunfo sobre el porvenir es lo que cuenta, lo que no augura
sufrimiento. Es como bajar al muelle y respetar el balanceo rítmico de las embarcaciones, su lenguaje
zonal, como dejarse llevar por el olor del mar y la suave pestilencia de las redes,
entregarse al drama de la pesca; como desentenderse de la gracia,
surgir y mantenerse en la pelea, otear las altas cumbres
desde la serenidad del río que festeja su hondura.

Lo contrario a la necesidad, lo opuesto a la inocencia, lo anómalo,
la nada frente al vacío generador de espacio resistente, campos neumáticos, una geografía del alma.
Habrá montañas (y habrán nacido de la arena). Romperá las calles una belleza
(al)química y peligrosa, y llevará los labios pintados, una pincelada de orgullo.

Ella ha dibujado su cuerpo contra la violencia
artística, contra la definición del éxtasis. Oh, será editada por partes:
primero los ojos, primero los dedos de los pies, primero las piernas invariables, la melena
discreta, toda esa naturaleza
de la que no se puede hablar. Toda esa lejanía victoriosa.



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