jueves, 25 de junio de 2020

hay


Parece desierto, pero. Hay almas. Acurrucadas,
aéreas, formando un quebradero, un legado
en zigzag relampagueante.

Algunas curiosidades sobre las almas, que pueden:

             llevar una camisa
             perder un botón de la camisa
             sufrir amputaciones

Precisamente,
las almas son buenas conocedoras de las bellas artes. Poned un alma
frente a un caballete, un lienzo en blanco y observad
cómo realiza un voraz movimiento de pinceladas
y réplicas (que alguien podría definir como espasmódico) para dar a luz un espacio
museístico de intensa magnitud. Digamos un episodio carnal
semejante a un simulacro de Bacon (nunca un paisaje de Constable), arlequín demediado,
fantasma en el vacío de Schiele,
vigoroso átomo en Basquiat.

Incluso sobrecogedoras. El desierto
languidece sin ellas, sin ellas
solo es una línea de diálogo en el horizonte, un glacial de vacaciones, la taiga dominante,
una ladera de la gran Armenia
con sus rebaños ausentes, su hierba inmaculada.

Acaso vuelen o planeen acciones. Acaso rueden por el aire como gotas
de lluvia, escalen la gravedad del cielo o se lancen en paracaídas sobre la arena
durmiente. Solo los Ángeles las clasifican,
autorizan viajes y conceden visados,
solo los Ángeles desertizan el mundo para ellas.



martes, 23 de junio de 2020

el mundo (de otro modo)


El mundo es el final de la belleza;
todo lo que no existe, eso es el mundo,
toda la luz que cabe en un segundo,
toda la vida que a morir empieza.

Bajamos por las anchas avenidas
con los puños en alto, somos bellos,
nuestras vidas importan, nuestras vidas
importan la mitad que las de ellos.

Decimos la verdad, no nos callamos,
alzamos los martillos y las hoces
porque somos obreros de mil ramos
y llevamos la sangre en nuestras voces.

El mundo es el final y es el camino,
la vía que recorre nuestros sueños,
por él viajamos solos, sin destino,
contando el tiempo del que somos dueños.

Nuestro arte es la piel, negra y perfecta,
bruñida por el sol en sus talleres,
la inmensa claridad que se proyecta
desde nuestro taller de amaneceres.

Bordamos la bandera de la forma,
somos una manera de otro modo,
nuestro verso se sale de la norma,
es un silencio que lo dice todo.

El mundo es el final, la luz se para,
todo lo que no existe, la hermosura,
aquel vivo color que el cielo alzara,
se interna en un convento de clausura.

Llevamos la razón como un escudo
contra la eternidad y sus chantajes
y se nos hace en la garganta un nudo
de tanto descubrir nuevos lenguajes.

Son gajes del oficio, nuestro oficio.
Artesanos que somos de la pena,
prestamos por amor este servicio,
lo nuestro es trabajar por cuenta ajena.

El mundo es el final y, ciertamente,
parece de verdad cuando es mentira,
cuando no existe sino en nuestra mente
y solo en ella eternamente gira.



viernes, 19 de junio de 2020

the ecology


La ciudad se abre al vértigo, la marea indetectable,
sordo céfiro lejano. Bajo los edificios, se edifican historias, remontan los espectros,
aumenta la frecuencia de contacto, un movimiento religioso, simple; está en los saltos de los niños,
su griterío elástico, su fantasía
pormenorizada.

No existe otra palabra: el prodigio ascendente, ¡la rubedo! El milagro
perdura en el imaginario selectivo, la trastienda de la intelectualidad. Los filósofos se adentran
en el ánimo de una generación, voltean las referencias anteriores,
sacan a subasta la piedad del mundo.

Ella ha realizado una obra general, realmente única,
acto unánime y victorioso. El triunfo sobre el porvenir es lo que cuenta, lo que no augura
sufrimiento. Es como bajar al muelle y respetar el balanceo rítmico de las embarcaciones, su lenguaje
zonal, como dejarse llevar por el olor del mar y la suave pestilencia de las redes,
entregarse al drama de la pesca; como desentenderse de la gracia,
surgir y mantenerse en la pelea, otear las altas cumbres
desde la serenidad del río que festeja su hondura.

Lo contrario a la necesidad, lo opuesto a la inocencia, lo anómalo,
la nada frente al vacío generador de espacio resistente, campos neumáticos, una geografía del alma.
Habrá montañas (y habrán nacido de la arena). Romperá las calles una belleza
(al)química y peligrosa, y llevará los labios pintados, una pincelada de orgullo.

Ella ha dibujado su cuerpo contra la violencia
artística, contra la definición del éxtasis. Oh, será editada por partes:
primero los ojos, primero los dedos de los pies, primero las piernas invariables, la melena
discreta, toda esa naturaleza
de la que no se puede hablar. Toda esa lejanía victoriosa.



miércoles, 17 de junio de 2020

la canción del verano es un poema genial


Todos quieren cantar con Lucky Daye, es el Cantante de Góspel. En la calle brillan los colores
de la nación, amanece un séptimo día cualquiera y las aceras
van a llenarse de pisadas enérgicas, zapatillas azules y blancas, grises como un cielo
pesimista. Hoy, los letreros luminosos aparecen cegados por una luz
superior, se produce un contraste medicalizado, hepático.

Miles de personas poseídas por un viejo cansancio, partidarias del ajuste fino de la justicia
social, aquel presentimiento. Miles de bellezas
individuales contenidas en un sola idea, un vistazo al infierno
de la realidad.

Estamos destituyéndonos la ley, desarmando a la policía,
desamando a nuestros amados dioses. Solo queremos Ángeles de belleza inocente, seres
limpios y capaces, ávidos corceles galopando llanuras
industriales, nuevas voces felices como el eco del vacío verdadero.

Ahora, el Ángel ha contribuido a la ortodoxia, ha mortificado su imperio,
rodilla en tierra, ha servido a la comunidad. Ahora leemos los libros importantes,
los poemas de barro, atendemos a la Historia y sus procesos, combatimos al ritmo de la filosofía.

Sonreímos a la placa base del sistema, hemos permitido
un acceso directo a la verdad, soñamos con el vértigo y anotamos versos de Emily D. en las firmes
columnas del índice nikkei, destacamos entre el polvo de las revelaciones;
nuestra fortaleza es un cartel amarillo, una estrella insegura, nuestro color es el aire,
nuestra respiración oscila entre la salud y el protocolo
del apocalipsis.

Entonamos a coro la vecindad del fuego; todos queremos cantar. Todos somos
conscientes del próximo milagro. Esta mañana somos miles en el mundo. El futuro
será nuestra canción del verano.



martes, 16 de junio de 2020

como es la sangre


Sangre por todas partes, roja y pura,
y cada vez más crónica y más roja,
más fresca, más espesa, más oscura
y más del corazón que se le antoja.

Sangre de todo el cuerpo, sangre viva,
esquivando la muerte a borbotones,
en busca del aliento que la esquiva
como un ciego detrás de sus visiones.

Sangre de la manera en que se muere,
cuando se exhala el estertor profundo
y el aire es un relámpago que quiere
reducir a cenizas todo el mundo.

Sangre como es la sangre, luz de fresa
que ilumina la noche en carne y hueso,
ligera como un alma que no pesa
pero inclina la tierra con su peso.

Sangre que es un silencio en desbandada,
chorro de voz que irrumpe en el vacío,
fundidos el fragor de la riada
y el rumoroso pálpito del río.

Sangre que deambula por los ojos
e inunda los recuerdos de futuro.
De pronto, los colores son más rojos
y el blanco de los ojos, más oscuro.



sábado, 13 de junio de 2020

disolución


Considerando:

             que la Poesía atiende por su nombre y se confunde
con ciertas camadas ambiciosas, ciertos contundentes pesos muertos; que su constitución
es la de un ente autónomo –fardo unánime– y su profundidad
responde a la relación establecida entre creyentes y orgullosos detractores.

             Que la Literatura registra un campo semejante
al de la física de partículas, particularmente en su faceta multidimensional, y sus maestros pintores,
sus poetas, son correlatos artísticos
del físico de cuerdas y su disciplina etérea y narcisista.

Hay un infinito señalizado y consciente que mora en el interior de las ecuaciones
más conservadoras o menos alegres de la matemática (∞); se le distingue por su larga ausencia
o por la longitud de sus metáforas en general, la simpatía que despierta entre sus congéneres,
tal vez por su resistencia a las adversidades
académicas.

Existe un dios de torso
atlético. Su corazón soporta anginas de pecho –la angustia
entera de la humanidad corrupta–, su letra con sangre
entra, su mano es como un eje de hierro futurista. Poseer un autógrafo suyo,
hacerse con su rúbrica láser en la feria del libro, asistir a alguna de sus representaciones milagrosas,
ser decapitado por un Ángel vengador… Facetas de su personalidad
arrolladora, como ser fulminado por un rayo o sustituir a Job en el cadalso perfecto.

             Que los versos descritos hic et nunc son todos merecedores de suculentos
premios que habrá que investigar. Que la sangre no sirve para la firma,
solo para la forma. Que debe haber un Arte, pero se desconoce.



lunes, 8 de junio de 2020

la vida de las plantas


De extremo a extremo, la Avenida se pronuncia sin número,
innumerable y caótica; los autos son el problema: coches fantasma. La ciudad
crece vertical como un monolito, una pirámide, un puño levantado.

Recorrer las calles resulta
tremendamente impetuoso, es un reflejo como el de la rodilla bajo el martillo
terapéutico, el calambre infantil de impulso estético,
la corriente alterna, su majestad el Electroshock.

Ángeles patrullan las intersecciones e interaccionan con la población,
sus apariciones marcianas se cuentan por desastres naturales, por milagros
y asesinatos múltiples. Será porque sus manos son de hierro forjado y sus ojos despiden
munición caducada, y sus alas se abaten como
katanas de Hattori Hanzo.

La policía está para el espectáculo del abuso
de poder, su bullying para todos los públicos, su racismo y su libre xenofobia. Xenocidas como Ender,
agentes de la realidad.

Virtualmente, el poema resiste en su divisadero,
proporciona excusas deficientes, sigue abierto hasta el anochecer, es la expendeduría, estación termini
del contrabando y la filantropía mal entendida. El verso quema entre las manos,
conduce a una experiencia cercana a la vida de las plantas.

Deprisa y sin mirarnos en los escaparates
apedreados, sin reconocernos en el espejo del tocador, nos adornamos con el maquillaje
de las estrellas; oh, cantamos victoria afónicos y todo,
aun escupiendo sangre,
cantamos.


domingo, 7 de junio de 2020

en pie


¿De qué sirve la vida si no puedes ser libre?
(Jean “Stevie” Stevenson, April Sinclair)


Rodilla en tierra nos hacemos fuertes,
firmes como el ciprés alzamos juntos
–en homenaje a nuestras propias muertes–
nuestro esforzado oficio de difuntos.

Rodilla en tierra frente al odio alzamos
nuestros puños cerrados a conciencia,
porque dios está muerto y somos amos
de nuestra voluntad y nuestra herencia.

Cogidos de la mano, como antes,
marchamos bajo el sol que nos calcina
y somos fieros rayos calcinantes
bajo la helada lluvia cristalina.

Unidos a la sombra floreciente,
histórica y coral de tantas cruces,
vamos donde nos lleva la corriente,
orfebres de otro siglo de las luces.

Seguimos la corriente de la Historia,
su causa general, su ley de hierro,
nuestro arte no tiene escapatoria,
se debe a la memoria y el destierro.

Rodilla en tierra somos, más que nunca,
un solo cuerpo, un sólido organismo,
un horizonte que jamás se trunca
porque su límite es el mundo mismo.


sábado, 6 de junio de 2020

la mínima extensión desangelada


Rodilla en tierra, sobre el campo que se extiende irracional y eterno,
una república de halcones, un océano de sangre, un territorio ajeno. Ciudades
salpicadas de cementerios blancos, mármol crucificado. Marchamos y nos dejamos caer
como inacabadas letras, poemas sin fondo, somos granizo golpeando
la frente del destino, un saco de vergüenza a hombros de la noche.

Rodilla en tierra. Radicales como sombras ateridas, gargantas
laceradas, piel que sufre. Recordamos el aire cuando el aire era un baño de sol escalofriante;
ah, se trataba de dar vida a la vida, de adivinar el canto de los árboles, la altura constante de los muros,
el desarrollo elegante del abismo.

Recorremos con la vista el mismo campo, la misma extensión inmaculada,
glacial, el mismo conglomerado de oscuras intenciones, el recinto de la consternación. Llegamos
por tierra, por mar, por el aire llegan nuestras almas encadenadas al sueño, bajo la tierra
acuden nuestros sueños con un saco de huesos a la espalda.

Hay un retorno, sucede. De vuelta a la apariencia, el espejismo cotidiano, la voluntad de ser
idénticos a los hombres, iguales a las mujeres, a los niños, a las niñas que profesan una ilusión
bien aprendida. Tenemos la forma pero nos falta una chispa de ingenio, nos falta el nervio que articule
nuestra rebeldía, el medio equilibrado para la revuelta, el término adecuado a la Revolución.

It’s a Riot. Somos los chicos malos que queman autobuses
segregados, las chicas que se disparan a la salida de la iglesia; somos los que siembran
de cadáveres el cielo y niegan la venida del Ángel.

Rodilla en tierra. Nada puede más que el milagro; el milagro es nuestra sangre, la filiación de la derrota,
el ansia putrefacta que nos reconcome. El milagro es la saciedad, el hambre que atormenta, la sed
desorientada, la sombra escuálida de una sombra, negra y vacilante,
oscura como un atardecer sin magisterio, como un espacio sin tiempo. Oh, volvemos a los orígenes,
situamos nuestra escuela en la cima del mundo, soportamos el hielo bajo nuestras plantas,
soñamos con los monstruos decisivos: nuestros pobres hijos muertos
en ningún campo de batalla.



miércoles, 3 de junio de 2020

una sombra oculta entre las hojas


Hay una sombra oculta entre las hojas
que viene anticipando los raíles,
y va sembrando estepas pelirrojas
de vías férreas y ferrocarriles.

Hay un árbol de sombra autodidacta,
de sobrecogedora sombra nueva,
que hasta los cielos su materia intacta
como una sorda invocación eleva.

Tu roble secular, tu amado roble
de metálica savia y grueso tronco,
brava madera de familia noble,
firme ante el viento y su quejido ronco.

Hay una sombra entre la fronda oculta,
un tapiz de sedosa y fina hierba,
y hay una luz que toda luz sepulta
rizando los olivos de Minerva.

Contra el desierto de la poesía
y el humo de la fe lucha tu mano,
esperanzado, el verso en ti confía,
desesperado, clama el cielo en vano.

Hay un cielo que quiere parecerse
a los campos famélicos y ciegos
y quiere que la noche se disperse
como una sombra oculta entre dos fuegos.

Tienes el aire incierto del olvido
grabado a sangre y fuego en la mirada.
Tus ojos han jugado y han perdido
su luz frente a otra luz encarnizada.

Hay una sombra que a su fin se atiene
y a su oficio enigmático se ajusta,
preludio del crepúsculo que viene
a imponer a la luz su ley adusta.

Pero la claridad no te abandona
aunque del cielo tu clamor descienda
hasta la más profunda, oscura zona
donde la luz no es más que una leyenda.

Eres, en esta suma de estaciones
invernales y circos de tres pistas,
la bella domadora de leones
y la que viaja con los maquinistas.


lunes, 1 de junio de 2020

mundo celestial


El Parque. There is… Existe una nube extraordinaria, innecesaria,
pegada al cielo como un cromo difícil, la nube discreta, grandiosa (que no le dé por llorar).
No llueve ahora, la celosía dispone su pétrea configuración, su hermetismo
ficticio; la sombra resultante presenta la costura laberíntica de un puzle,
cortesía de la tarde que se abate
insulsa y comercial.

Destiny (todo para decir...) ha patentado un saludo
que no ocasiona víctimas mortales ni curaciones espontáneas ni taras permanentes, no incluye una factura
abultada por daños colaterales.

Actualmente, los Ángeles son personas como las demás:
contribuyen religiosamente a sostener el presupuesto municipal. Dest ejerce su fascinación
irremediable, con su ropa ceñida,
a veces un vestido blanco por encima de la rodilla, sorda
representación de la belleza femenina y sus contradicciones. Una belleza
sostenida en el tiempo, descrita en un heroico lenguaje extraterrestre.

Sobre el plano,
el Parque linda al norte con un cielo inestable, al sur con la paz del monasterio, al este
con un sol atómico y pulsante y al oeste con un brazo de mar.

Otras dimensiones limitan (por lo tanto)
el área potencial de la espesura, la superficie exacta de la hierba, la cuadrícula salvaje:
está la ventana que acerca a la nueva poesía, el encantador silencio de la pluma, la habitación secreta
bañada por la luz cegadora de la noche. Está el recorrido impactante del ferrocarril
subterráneo, con parada en todas las heridas de este mundo.

Está la habitación del ático, el pasillo que conduce a la esperanza,
el núcleo de una fe manchada por el humo cadavérico y las estrellas, profanada por los uniformes;
y están los ojos abiertos como herraduras de espanto, cerrados como lápidas,
oscuros como un millón de nombres perdidos en la caligrafía de la historia.



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