desde el sagrado cielo a las arenas,
desde la tímida raíz al viento:
sangre que anda metida en sus faenas.
Es el esfuerzo del metal sangriento,
es el trabajo de las azucenas,
la fatiga que asedia al sentimiento
cuando circula hambriento por las venas.
Labor del Arte es darle tiempo al Mundo
para que desordene su belleza
y ponga en orden su certeza herida.
Nuestro oficio se aprende en un segundo
—lo que tarda en perderse la cabeza—
eterno como un verso que se olvida.
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