lunes, 25 de julio de 2011

Kajol




Feliz, el nuevo enamorado observa una realidad feliz.
Ha visto una película de hermosa música
(y era tan hermosa la pena de Kajol,
en nombre del amor, era tan perfecta su desgracia...).

Kajol es una bella muchacha hindú, guapa como una pantera negra.
Su rostro sentimental rezuma intensidad,
su sonrisa es la de todas las mujeres,
¡parece tan sencillo enamorarse de ella!

Y él necesita un nuevo amor en su discreta vida.
Una chica pantera que haga explotar los ojos de los príncipes,

Yendo al trabajo, en su realidad feroz, necesita un amor imaginario,
mejor que el suyo, tan feroz. Tan feroz que le ama como se ama a una hipoteca.

Kajol sonríe o así se llama una estrella más bonita que el Sol,
sonríe en los periódicos deportivos y la felicidad se mueve,
sonríe al aire libre, traza circunferencias con las manos abiertas,
sonríe por los escaparates vacíos de los negocios vacantes
y en las alfombras rojas que los grandes hoteles extienden sobre el fango.

Lo suyo es una bocanada de honestidad, una fragilidad en el misterio.
Ella soporta una realidad distinta, una ética dulce:
arte, pero no en la sonrisa, sino más bien de la serena frente, el animado cabello.

Urge amarla solo por la sobriedad de su despliegue físico,
por la redondez que solapa con rectas de autopista,
por las canciones alegres, por el baile, por su pena candente, tan perfecta.

La ama hasta la hora de fichar.

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