jueves, 9 de abril de 2015

una ventana a la realidad del arco iris


Esta ventana da al parque. El árbol. Al otro lado de la ciudad hay un parque inmenso
que no tiene salida. El parque siempre está del otro lado. Cuando quiere, la llama y ella se levanta
del sitio y saluda, se inclina y saluda, camina con esa determinación de las estrellas. Un recorrer la senda,
perderse en el espacio.

Instrucciones:
gritar
ondear una bandera blanca
ondear una bandera negra
sentarse a esperar al Minotauro

Amanece como nunca en la ventana que da al árbol que da al parque que no tiene canción. Los obreros
comienzan a domarse el instinto de salir corriendo, a doblarse
por un módico precio: he ahí la salsa de la vida. Antes de ayer, ella iba al trabajo con la ilusión por los suelos,
intacta; a romperse las uñas, a despeinarse, sin acercarse por la zona verde
del contrato, el ecosistema donde el aire se reproduce más temprano y los átomos
chocan con violencia contra el tiempo.

Es preciso escuchar. A trompicones, la música desarrolla su evidencia (hace época).
Trece es el número de la suerte. Pero un miércoles trece no pasará a la historia. A la naturaleza
no le impresionan las fechas ni tiene fecha de caducidad. El árbol sigue engrosando sus anillos mágicos,
como la aguja en el surco, como si fuese un LP coleccionable
a 33 revoluciones por cada estación.

Ayer, ella creía que la revolución era posible. Llevaba algo rojo, a tono con sus pensamientos;
llevaba un pañuelo en el pelo de dos colores suaves,
deprisa
deprisa

Había entrado al recinto por la puerta de atrás (la que no encierra), saltado la verja, la valla pintada de amarillo
limón. Entre la quietud sagrada de las flores y el manso arrullo del silencio, la realidad
constaba sin acontecimientos, adormecida. La realidad dormía debajo del puente y pedía limosna
a los jilgueros, fumaba como un crío cabreado.

Esta música suya perfecciona su evidencia verbal, transfiere nuevos elementos al registro.
Es un poema, y cruje; ha resucitado en una voz dinámica que no se tambalea (iba a rogar
por la gente que se muere en urgencias, pero lo detuvo la policía).

En el parque huele a dignidad. A hierba.
A flor de partitura, un relato a juego con el sol. Los versos se meriendan la pureza a las cinco de la tarde,
hacen novillos, agudizan la crisis.
El cuento del amor se reconstruye en frío, es una casa gráfica
con ventanas que no dan a ningún alma. 


Angel Haze   pack 2 strong nigga

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