sábado, 16 de diciembre de 2017

un butrón en las alcantarillas del futuro


Un butrón en las alcantarillas del infierno. Al otro lado de la pared
el oído del doctor, su fonendo
aclimatado a la inclemencia acústica; se hace la luz: la nevera y aquel perro salchicha del futuro.

The future es un conglomerado de ignorancias, se presiente o se pretende,
qué más da. Algunos se pensaron dos veces el robo del siglo y solo consiguieron la fotocopia de un extracto bancario.
La Luna que se comió la madrugada, cosas así.

Entre los estados de la Primavera quién iba a decir que yaciese la calma
perfecta de la extremaunción, su paralelismo desbocado con la nada, esa magia proterva y seminal de los suicidas;
como subirse a la falda de la montaña o subirse las faldas,
desfondarse –en todo caso–, y caer.

Palabras digeridas en buena compañía, soluciones para el problema
por antonomasia, recados y embajadas. Oír a Constance volando hacia Corea del Norte,
verse solo como un ratón de laboratorio,
imaginarse la propaganda nazi.

El objetivo es cómodo: es para la eternidad. Los ladrones son gente. Punto. Gente que se arrebuja,
disimula, reprime o satisface menguadas pasiones, gente dura de oído, gente pendular.
A veces se permite un comportamiento digresivo, se nos consiente un sonsonete
mórbido, una fatalidad glacial.

Pisar la hierba y componer la valla con sus picos y sus valles sombreados de azul. Esta hierba es azul
(nota para los intrigantes), se come, pero sienta como un tiro.

Aquí el futuro sigue estirándose la piel, contaminando. Personas con estudios que toman
decisiones incorrectas podrían haber inventado un máquina constructora de milagros
congelados, un mecanismo obrante (para entendernos). El libro universal ya interesaba algo semejante en la página
número ochocientos veintidós, sección segunda, primer versículo
pardo.

Pero los profetas son gente de palabra, lo que quiere decir que incumplen sus pronósticos,
voltean los resultados de la quiniela térmica, aniquilan el plantel de las revelaciones. Varios han descendido
por la escalera que cambia de color; cuando vuelvan, entramos en materia.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores