domingo, 15 de junio de 2014

el oficio más ingrato del mundo


Crónicas acerbas, frescos manantiales, palabras esdrújulas. La situación es crítica
para la literatura, que no parece un arte sino una secreción inevitable del tiempo,
el continuo que discurre
y se va narrando
literalmente.

El ejemplo está en la calle, en la chica que pasea con su perro o sin él, despacio
o tal vez echando chispas y empuñando una radial en su apogeo sónico,
cortando baldosas con profusión de acerada pulcritud.

La literalidad es lo que ocurre, es lo que se le ocurre al realismo cochambroso
sin trampa ni decorado de cartón piedra que lo avale. La muchacha que es guapa o vulgar,
que viste bien o mal, pero con zapatillas adecuadas al baile que ha de trascender.

Está invitada al baile.
No todas lo están. Se desliza por la acera y el sacerdote cómo la observa con ojos libidinosos,
turbios como el alma de algún dios. Por contra, que paz acude al espíritu del trabajador solitario
que se toma su tiempo antes del descanso para aprobar la hermosura fugaz de su existencia.

La literatura ya no se parece al arte. La poesía ha madurado como un coco,
ha florecido como la mariposa del té.
Y los poetas.
Se comportan. Adquieren hábitos funestos.

Un poeta adoptó la costumbre de hablar en términos poco edificantes de su propia obra.
Afirmaba no conocer nada del amor ni de la vida.
Y algunas muchachas se lo reprochaban entre risas y jolgorio y le espetaban alegres:
¿Para eso eres poeta? Más te valdría hacer algo de provecho.

La crítica, indefectiblemente, montaba en cólera a cada paso en falso de la pluma casi inédita del vate,
tanto como loaba la inefable virtud del autor cotizado,
su genuino reclamo editorial,
su valor de mercado. Por tanto, el crítico severo hinchaba el pecho como un pequeño zeppelín
y vagueaba en los cafés, ojo avizor.

Ella cantaba para el poeta y el silencio decía que sí, establecía un baremo imparcial del buen gusto
imprescindible. Se daba una expansión de ambas conciencias al unísono entregadas al sufrimiento
puro de la creación artística.

En el escaparate, una ración de arte maquetado y compuesto, con su etiqueta de consumo preferente.
Todos en el negocio de hacer las preguntas oportunas.
La poesía contra la pared planteándose estas cosas del oficio.




"Valkyrie"
model: Kinga Józefiak
designer: Agnieszka Osipa costume & fashion designer
assist: Remigiusz Babiło
photo: slevinaaron
Soneto Crítico

La crítica y su espíritu funesto,
harta del arte que es su bestia parda,
harto su estómago del indigesto
guiso sublime que en su mesa aguarda.
Viene la nueva pluma echando el resto,
sin padrino ni dios -pluma bastarda-,
en la artesa unas rimas de repuesto
y una voz que ante nadie se acobarda.
Fundado en su criterio partidista,
la espera agazapado en su revista
el crítico más duro del momento,
harto de hacer reseñas complacientes,
armado de sarcasmo hasta los dientes
y dispuesto a guisarla a fuego lento.






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