jueves, 26 de mayo de 2016

realismo por anticipado


Explorar el eje infinito horizontal de la realidad, su infinito
eje temporal. Todo lo que acontece es una pesadilla que se repetirá. Pensar que las cosas no existen
es agradable, pues. El parque es un tamiz, suena roto
como el corazón de un mendigo. Por la piel del agua el viento silba una barcarola, copia
de una metáfora intocable. Lo inexistente sube de precio porque todo el mundo lo quiere. Y no lo hay.

No hay espejos sin caer, no hay victoria, no hay un baño turco en el baño del comedor social,
no hay un Cadillac Eldorado en la puerta del comedor social,
no hay un comedor social. Las mantas del albergue apestan a humedad y moho restregado, parecen incautadas
al enemigo, parecen restos fúnebres de una batalla auténtica, epítome veraz de la lucha de clases,
vértice probable de la revolución.

Jordan escucha a saltos: Leon Bridges canta a Lisa Sawyer, esa muchacha de cabello limpio, esa belleza
sin nombre. En otra parte de este mundo que no existe (porque no se contiene)
Lisa inicia el milagro de la supervivencia frente al ocaso de Nueva Orleans, la maldición del agua.

Y la crítica ovaciona, se muestra unánime por una vez: ¡oh, un alma ha nacido de la nada!
como la mayoría de las intuiciones. Pero el golpe duele sin preguntarle a nadie, simplemente actúa sin remilgos,
no hace comedia ni le interesa el resultado. Jordan saluda con una arisca
reverencia, Gris se da la vuelta y ladra a la Luna, que parece ocupar gran parte del eje horizontal yacente del universo observable.

Sendos paquetes de historias paralelas se entremezclan al oído, Chopin está de saldo en el hipermercado,
domina una estantería absurda junto a unos relatos de Paul Auster. Las rebajas
suman etiquetas y obtienen justicia. Alguien roba desodorante y loción para después del afeitado,
lo que acaba esculpido en la aduana de dios (y dios tiene el aspecto de Veronika Bozeman, es importante decirlo).
Resulta que, en paralelo a la historia, dios ha escrito una novela de misterio
protagonizada por Veronika Bozeman (que es él mismo), que mata unos zombis y se estremece bastante
antes de resolver la desaparición del sistema solar.

Asegurar que algo es infinito y que, por tanto, no existe, viene a ser la misma cosa,
responde a la misma sacudida oficial, semejante estremecimiento doloroso. La realidad es una forma cualquiera
de representar el oficio del vacío, hablar de ella es
dibujar una musa imprecisa en el cuaderno, hacer un cálculo borroso en el papel de plata,
musicar el poema de un estadounidense con bigote.

Jordan saca la pluma, saca la piel, escribe alto como un mariscal del cielo, fuerte como una roca siberiana;
sus palabras oprimen, ordeñan el futuro con las manos sucias de haber besado, la frente
roja de haber creído en el amor. Su novela es mejor que el silencio de dios.


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