sábado, 10 de febrero de 2018

santa madonna


La Historia es larga. Comienza en su lugar, no en un instante: en aquel instante
la historia había comenzado ya. Destiny volaba sobre el campo como una Madonna
respetable, su rostro renacía con la flor del viento hacia la soledad. Su alma bordeaba un cuadrilátero
de almas, el ring de los buenos tiempos, todas a por el campeonato de los pesos ligeros.

La Historia es ardua, ni convence ni se deja convencer. Al principio, la falta de automóviles
constituía un hándicap, era tan poco convencional… Sin rodaje. Era como llevar una bolsa de piedras
al hombro, como instalar un hito en la carretera desierta, grafitear una señal de tráfico. Una infestación de santos
perdedores sobrevolando el campo, aves de gran tamaño, ángeles vueltos de espaldas. Su felicidad
era evidente; piedra a piedra edificaban: monasterios, pirámides, panteones; creaban un mundo
a la medida de la filosofía, el poema perfecto (asaz inexistente).

Se insinúa… El mundo no existe porque precisaría un creador (fuera de sí), alguien que mirase desde el ángulo
correcto y moviera la varita con criterio, un mago excéntrico. La inmensa mayoría. De los poetas
anda detrás de una concreción elemental, síntesis y a otra cosa. Son despreciativos,
agresivos, se muestran influyentes e influyen como ríos . La inmensa mayoría de los poetas cree. Creyentes
dedicados al gozo y la experiencia. Bebedores de café, de licor, de literatura. Se leen su protagonismo.

El poeta –lector invidente– solo entiende la caligrafía de Jordan, su tipo arial. En la pared solitaria (a ras)
como unavallapintadadeamarillo el spray se foguea bajo el sol carburante y frontal. El monasterio pende de un hilo,
las abejas trabajan en la obra, sin casco y sin arnés. Destiny aparece mandando un recado que son unos labios
de Marilyn y una botella de bourbon, también una carta sellada con encanto.

La Historia profetiza, es grave, grande y probable. Rima con la propia ruina; un río de sombras la recorre;
y el mundo se desintegra porque nadie cree en él. Una respiración común asciende, pretende disputar el morbo de la noche,
cuenta con herramientas de estilo, abundancia de pasajes inmortales. El verso ha cometido el error
de seguir vivo, de disponer más allá de su elegancia: ha comenzado en un lugar cerca del sol, pero en otro
universo con el ritmo apropiado, en otras palabras, con el mismo silencio dentro de la voz.


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