martes, 27 de julio de 2021

dogmas de otra religión

 

"Es el síndrome del poeta seco, que necesita sacar inspiración
del aire errático, igual que Jean Marais en el Orfeo de Cocteau"
El año del mono (Patti Smith)
 

Qué ampulosidad figurativa, qué desgarramiento
infantiloide; ah, terminar un libro es un escándalo privado, un apocalipsis pero íntimo,
desnivelado: aparece un vacío cordial por donde se relanzan
las novedades editoriales y el espacio entero, todos los docudramas y los acercamientos al modelo
diáfano de la posteridad.
 
Por la segunda página aparece de pronto un individuo con un cucurucho
en la cabeza, un perro suelto, otro vaso de agua con gas. Son las maniobras
típicas del estancamiento, la facundia de la ilustración pasada por el tamiz de las insinuaciones
maliciosas y su verificación.
 
Puede que no se alcance a conocer una respuesta. La divinidad
accede normalmente a disipar las dudas de la indiscreción, aprecia el ruido
y sus apartes.
 
Llega el poeta nómada y cruel armado con un lápiz
todoterreno y una especie de aspiradora intelectual entre ceja y ceja. Llega la seriedad
personificada en un coturno de rebajas, una masiva
identidad grecolatina, un gongorismo adolescente.
 
Estamos secos como una gran depresión, como un pantano del que emergiera la torre de la iglesia,
como un tema de los Rolling. Ahora escuchamos la normatividad del Jefe de la M, algún
compendio. Emily siempre nos desatora con su espanto,
con su canto emancipado y tan silvestre, tan poco romántico y escasamente
azul.
 
El libro está ahí, carcomido y felibre,
archiconocido; vedlo con su alzacuellos y sus colgantes, su cruz
hermafrodita y sus psicofonías. En una mano cabe. Hay que tener
valor para enfrentarlo, para darlo por muerto. Hay que ser de otro país para tenerlo en cuenta, de otra religión
o de otra poesía.



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