sábado, 14 de mayo de 2016

tanto azar


Hay un tempo profano en el rezo de los astronautas; la tierra se agiliza
de tan lejos, es una consumidora excéntrica.

En el parque infantil –que es una subcomisión del parque con su comisario político al mando– los pioneros
(gorriones) de la primavera perciben el carácter lineal de las conciencias, ese curso
legal del pensamiento. Madres que flojean
en el columpio desbrozan de cuchillas la rampa del tobogán.

Pacificadores y gente joven de Florida, gente joven y florida, extra-vagante. Con el hatillo al hombro
ya nadie va. Nadie fluctúa de esa manera iconoclasta; el chico chapurrea un rápido rap antes del diluvio y las monsergas.
La melodía estruja como una batidora de refrescos, consiente la timidez del aria,
aplana y dan ganas de besar.

Un lote de hachís ha desembarcado en la sombra y de inmediato ha sido porteado
al pico de la Torre (Eiffel), en lo más alto, ¿dónde si no? Donde los zahoríes no hallen subterfugio, ni sirva la geometría.
Ah, ese alijo te deja estupefacto. Y los fines de semana hay que divertirse contra algo.

Al mando del parque infantil nuestro hombre de confianza: un feminista. Pero ella
presiente todos los poemas, una estampida verbal; se muestra concienzuda y analiza, sesga, torpedea
coplas y cuartetos prematuros, se muestra crítica y acérrima, exprime un concepto mal asimilado, un dolor de dimensiones
principales. Propensa a tachar con bolígrafo rojo la maestría del evangelista
sin soslayar un solo acento, ni la mínima ficción.

Cuerpos sin control poseen el centro de la calle, tal vez recuerden el estreno de ayer. Otros pasean
rígidos como huérfanos a las tres de la tarde y sin comer. El hambre es mágica, un sentimiento de paz que aliena
y puede matar, nada igual. La droga resume frases en mal estado: facilidad de palabra. Las horas ruedan
por el fondo gris de los tejados y hasta el silencio es mentira.

La muerte se demora, para mi gusto, dice el último romántico; y las balas silban,
cortesía del puente y la trinchera. Izzy suena a condición, en libertad condicional, como todos los genios;
se le ha roto la voz de tanto azar. Sus piernas formulan probabilidades extremas,
rimas y metáforas mentales de un solo sentido. La ingratitud del aire
es parte del contrato; detrás de aquella luz, está la luz
temblando de color bajo la noche.




miércoles, 11 de mayo de 2016

de milagro


Como los ciegos, dobla la voz sin conocer a nadie. Arras sobre su pecho abierto,
sobre su boca, trece monedas de oro. Es la mala fortuna de los príncipes,
que se hace de rogar.

Camino de ninguna historia, la ciudad se defiende y esconde el estandarte de su línea del cielo, los palacios
permanecen a resguardo del bosque, edificando sombras, arcos y luminosos portales.

El buhonero se nombra, se despide, se fisga y se insinúa en medio
de la conversación; sus manos cargan con el signo de los años perdidos, sus dedos proliferan,
mansos sarmientos. Del hospital brota una columna de humo, invisible entre la niebla y las estelas sucias de los árboles.
Torres blancas que avanzan hacia el puro abismo de la salvación, cofres
que rondan la riqueza y vislumbran un pasado retórico (o feliz).

Ella tiene que elegir un noble abatimiento, la sinrazón que anula profecías y salmos, el salvaje
descuento de todas sus presencias. Grabada en un carmín de plomo, en la nube que salta
dolorosamente. El sol ha de salir por debajo de Marte,
con el aire de cara y la música tropezando en el dorado micro del rap.

Las chicas usan su poder, pero ella conduce una manada de ingenios,
larvas y motores. La farmacia dispensa órdenes sagradas, las montañas auscultan la tormenta, ahora,
ha perdido peso la lluvia. Este cuadro ya explota: el parque ha decidido regar
una estación del universo. Jordan se cansa de esperar, sigue esperando.

Como aterrizan las perlas en su garganta débil, su canto se prolonga como un adiós
entre puñales. Las pantallas discuten la longitud del viento, giran al terror sin avisar siquiera, con una levedad
que no es del mundo. El arte ha naufragado de nuevo y Roma arde de pie.

Porque el sueño es intención del arte y prende como las selvas de Montana o el organismo boreal de Alberta,
se deposita en la tierra como un río de lava asustadiza, sucumbe a las promesas
áureas de los comediantes y a la amplitud del mal. 




domingo, 8 de mayo de 2016

toda la inocencia


Solo la inocencia es bella. Jordan ha disparado a la boca del lobo, ha callejeado por Jerusalén.
Ha patinado a la orilla de Walden sin que su manto se deslizara un ápice.

Esta es la hora del ritmo; los patos vuelan hacia atrás, los gorriones siempre al borde del destierro, adelantando
su alimento. La buena tierra es de abandonar. Llegándose al desierto,
los árboles son tratados como piezas heroicas, el agua finge un curso elemental.

Las calles se han abandonado a una métrica rasa: ¿quién no ha matado por amor, aunque fuese a un insecto?
Jordan ha disparado su voz contra el espejo y una multitud de rápidos amagos,
coros celestiales, una gran pléyade de hermanas ha correspondido a su entusiasmo
tanto desde el oeste, por donde llega el tren, como desde la noche (más al sur).

Vacío es el expreso del mediodía repleto de extranjeros sin nombre,
algún poeta, varias muchachas esbeltas de nocivos ojos, como novias
petrificadas. La música es un dulce que debe repartirse entre los niños, debe hacerles llorar.

Si hasta los médicos llevan armas ocultas.

La ropa es una lata; Jordan viste a la moda de los años veinte de cualquier otro siglo. Ropa de camuflaje
y una gorra de los Lakers, botas de andar por casa, listas para subir a los árboles
o patinar, cuando el hielo está oscuro, por los surcos transparentes de W.

Originalmente, una princesa súbita, algo torpe para su edad, algo indisoluble de su alma. Su cuerpo
elude las comparaciones. Tiene una familia
y un collar. Las noches pasan a su lado sin dirigirle la palabra, el futuro arquea su espalda con un cosquilleo dramático.
Es la misma flor con malos modales que ha desvelado el secreto del odio,
desamordazado a la naturaleza: en su naturaleza, brilla la forma de un corazón en llamas.

(Sabios rubicundos alojados en baldes, arrojados al cieno, sondean su diminuta silueta.)
                                                                     
El cero es su número de la seguridad social. No ha perdido nada por azar, nada en la historia. Tan inocente
que mil relámpagos fulminan a sus detractores, su tacto es arena luminosa;
como si fuera un ángel, pero dejado de la mano del hombre.




viernes, 6 de mayo de 2016

el pequeño dios cierra la ventanilla del colmado


Definitivamente, no, no es W. Sin pradera personalizada,
el polvo arrincona al huésped, lo taladra. La hierba ha funcionado mejor en otras ocasiones, se ha prodigado
como una suave carga. Sobre el tedio de la espera prevalece una ansiedad
autónoma; esa forma de no mirarse en los espejos y no saber. La belleza
parece venir de otro planeta, de otra planta, parece
acurrucada en un rincón de la persona aguardando la misericordia del tiempo.

Oh, su belleza es ideal, debería pronunciarse esdrújula grave, con devoción atenta, debería
proclamarse con toda la piedad del silencio en un solo país, de la garganta: digna región
donde acudiera el arte (después del aire puro).

El viaje ha sido. Es. Ingrato, no hay trenes que lleven tan lejos, ni siquiera
en la vieja Europa. Pasan los estados como del líquido de una lágrima suya al puerto espiritual
de estar a solas, ese tipo de transiciones de fase. Y la familia que pesa como una exhalación; rápida como un poema,
sufre las consecuencias de su continuidad.

Es como estar viendo a Akua Naru sentado en el sofá (tal espectáculo maravilloso). El lugar de carretera que no admite la entrada
–“reservado el derecho”– se reserva el derecho a despojar, el derecho abusivo que restringe, usurpa,
se arroga un procedimiento crudo, su odiosa legitimidad. La lentitud
de los días de invierno frente a la chimenea, contando estrellas. El hogar, entonces,
es una bendición de las peores, corresponde a un panorama inmenso y nada acogedor.

Es tan bella que extraña. Su inocencia es la espiral del universo
partida en dos. Sus labios son dos clases de demonios, uno es el ángel de la fresa y sabe a sangre cuando lo tocas.
Dicen que el infierno tampoco es una habitación enorme. No es un piso
de soltero para fumar y sonreír.

En la ciudad, alguien conoce su destino y ella gatea a ciegas hacia allí, garabatea un catecismo
antes del primer amor, se pliega a la multifunción de las luces transparentes. Ahora, sube a un auto
en medio de la felicidad. No se atreve –todavía. Los besos pasan rozando su talle, perpendiculares a su risa por venir,
las rosas han entrado a tiros por la ventanilla abierta y su perfume
es una crítica sorda a la ignorancia del mundo.




miércoles, 4 de mayo de 2016

punk


Ella es hermosa como un pequeño diablo;
una calada y aguanta el humo, se hace un mascarón de proa. Aburrida las tardes
de domingo, iza la bandera corsaria y le da una patada a la calavera que anda siempre por ahí. Si tuviera
su propio agente de la condicional sería tan rocoso como el de Max Dembo.

En la ficha del correccional su rostro delata una infancia borrosa,
honrada. A salto de mata, a hostias por la calle. Ah, pero un día encontró un libro en la basura
y luego buscó otro y al tercer día entró, como Jesús, en una biblioteca.

Leía hasta que se le cerraban los ojos y los chicos del parque no sabían qué pensar.
Leía a Pushkin y a los judíos, a Dostoievski y a los judíos. Leía a Freud y se quedaba dormida.

Los poetas –que andaban siempre
vigilando sucursales bancarias como auténticos calaveras– dominaban el ansia de reconocerla y hacerle un homenaje;
uno de ellos recitaba sin duda poemas amables, escribía de derecha a izquierda
o de abajo arriba con tal de parecer original (esto porque la amaba).

Ella pone rumbo al paraíso y se queda a dos velas, se fuma el corazón de un arco. Su corazón
es un remedio poderoso contra las maravillas de la naturaleza. Su voz retumba
en los templos del hambre, su arte se imagina el arte, su familia es de todo menos buena. Sin familia y en el púlpito
echando cartas a los indeseables, reina del tarot.

En sus manos una especie de novela de Jeff Noon sobrecargando sus redes neuronales de conceptos
modernos, locas plumas de Vurt (nueva droga hipotecaria).

De modo que el agente quiere cachearla en los portales
al caer la noche. Y encontraba pequeños libros como la Ilíada –materia de traslado–, y gruñía: que no se vuelva a repetir.
Llueve a toda plana sobre el periódico de ayer y ella que lee (tsunami victorioso)
tragándose los verbos con la nostalgia adecuada a su significado formal,
¡dignándose a morir si hiciera falta!

Conmovido, el poeta se rasca el alma con una cáscara de nuez. Entre dios y su espíritu rota el universo
a pleno sol, quemando cielo. Y los milagros surgen sin prisa de una silueta mecánica,
romántica como si fuera la encarnación del primer verso
o la sombra del verso que será.




lunes, 2 de mayo de 2016

operación paraíso


Esto parece un desierto. La policía se rodea a sí misma, se encadena y se esposa,
esposada a sus placas relucientes. Relojes sin mecanismo que valga,
una zona encharcada, lóbrega y sin arco iris, nada que recuerde la palidez de Walden, ni siquiera al lago White;

desparecidos en masa,
hasta la madre que golpea a su hijo pequeño por costumbre, su brazo se detiene
en el aire, dimite de esa forma soez de complacencia (aunque no se arrepienta); perros tras un rastro de humo
general. La turbiedad del ambiente genera entusiasmo, un prurito en la ley,
que despliega su limbo de ambigüedad perfecta.

Los chicos contra la pared. La policía fantasma es el nuevo orden mental, de incógnito, agentes de paisano que visten
mal y llevan los cordones desatados. Es el parque en estado de extinción, expandiéndose como un universo
paralelo donde acabara la historia. Enlatados los pájaros en un crujido,
la simetría del agua rota en espejos decimales, el ojo del lago cerrándose para no ver a dios
besando el fuego.

Alcohol en balsas del tamaño correcto; filas de creyentes arrodillados. Arpías que bajan por el hueco de la chimenea
como en una redención estándar. El arpa es. Suena rastafari en el fondo,
demasiado completa, más que una banda, más que una mesa de mezclas abarrotada al efecto, base y colorido.

Sirenas y gente que rebusca en su dolor. Pasaportes para una vida plena en otra sección del paraíso.
Hay un big-bang a la vuelta de la esquina, nadie lo tiene en mente; Akua Naru se filtra por un sexto piso
de la realidad, no existe en realidad. Los chavales se dan un garbeo y aprenden,
le echan un vistazo a su futuro y les entran ganas de fumar.

Privilegios fuera, y la sangre azul se mezcla con la negra. La frecuencia del tiroteo se incrementa a lo lejos
y las balas pasan silbando una balada eterna; si al fin se ha de morir, como Sandra
en la cárcel del condado, en la calle también. El agua puede con el hambre, pero no con la sed. Está escrito en el libro
de la naturaleza que la vida continúa gracias a la inercia del pecado.
Ahora, el procedimiento termina: miles de luciérnagas desafían la oscuridad de las conciencias.




sábado, 30 de abril de 2016

sofisticada


Bajo la cruz de su mirada, una madre piadosa. En el aire, las preguntas
aprenden del deseo. Cualquier lugar queda lejos de casa. El mundo es un pequeño cuarto de estar
donde los chicos juegan sus bazas preferidas.

Unos amigos han prefabricado una cabaña en un lado del parque, les falta el gato. Y la antena de televisión.
Cuando llueve se calan las ondas y la imagen se resiente, escurridiza. El aparato
derrama cataratas de audio degenerado, liquidaciones en masa. Los chavales a veces
asoman la nariz a ver si cae una secuencia dolorosa. Realmente.

Coches paran coches. Balas sobre el brillo de las cejas, sobre el orden
caótico de la miseria, su prestación por desamparo. El estado hace inventario de la necedad,
burla la ley con eficacia y fomenta el autoempleo. En las zonas más deprimidas
del parque real, es decir. Las muchachas molestan a los transeúntes,
giran por un paquete de tabaco rubio, patinan dejando una pátina de juventud
y espacio, rulan por ahí. Sin transiciones.

Hoy retransmiten la final. Es el final y resulta apocalíptico. Como hace
siglos, el deporte rey descuida sus flancos culturales; unos están ciclados como héroes griegos, golpean
con bates de béisbol y suman con los dedos. Han leído una novela de Elmore Leonard y ya saben disparar más de la cuenta.

Aquí está Jordan, que reina un poco. Su pose angelical. Alguien le abre la puerta,
alguien se inclina, le pasan un cigarro, el polen fresco como una nube del Atlas. En la nube,
sin embargo, los archivos se apretujan, se copian unos a otros la melena,
el estilo y el karma. Beber está de moda esta mañana, mañana
será hoy. Ayer los autos volaban sobre Broadway y la autopista mecánica se alzaba
sofisticada y libre.

En la belleza persiste un compromiso ajeno, un principio
elemental, la promesa del legendario primer baile, el primer beso por casualidad. Ella siempre
finge una sonrisa ante el espejo antes de reírse con ganas. Los números
son fuente de entretenimiento, tan teatrales, las palabras, en cambio, duelen como llagas en la piel del olvido.




miércoles, 27 de abril de 2016

itinerario


¿Qué es el ferrocarril para mí?
Nunca voy a ver
Dónde termina.
Henry David Thoreau

Vías muertas, trayectorias de escape. Campo a través, el tren recorre el campo,
lleva. En el trayecto, el campo sube al tren. Y Jordan sube al tren, abre un libro,
con sus estrecheces abre un libro. Sube al tren detrás de Irene, igual que Kateřina. Como ellas,
sin familia.

El campo se ha desangelado,
a pesar de los ángeles que cubren millas de constancia y bordan su trabajo. Mil alas de color nocturno
escarbando en la noche en busca de una sola verdad. El campo se ha congelado en un libro abierto
con sus páginas en blanco. El libro ha sido entregado en la cima del monte,
sirve para rezar, sirve para creer. Arde.

Tenemos sed. Vuestra sed es el pasado. Cerca del lago la sed rige el poema
(no ha prometido su certeza). Ah, Jordan está ahí rodeada de niños con los ojos abiertos; abre un libro, sin más,
en paz. Los árboles gritan, se agitan como postes del telégrafo por las ventanas de los compartimentos (publican
cartas de amor en la red).

Un ruido se produce absorbente, tradicional; es el bazuqueo del tren de los huesos, hasta los topes de mercancía feliz,
carne para el perro. La música se queda en el andén; en la última estación
han subido los druidas, les temblaban las manos. Alguien ha visto llorar a Kateřina, y sus lágrimas
colmaban el silencio de inocencia como una canción de cuna.

A pesar del milagro, el tren ha elegido el camino equivocado, el maquinista ha errado su palabra
y ha dado la vuelta al mundo sin mirar a las estrellas. Los pasajeros son miles, millones de almas selectas
acurrucadas en un espacio ínfimo: una singularidad de corazones, cuerpo que pulsa,
gira y revoluciona la duración de un beso en la memoria.

El campo ha llegado al horizonte, ¿se contrae? Experimenta amplitud, sin embargo. Bienvenidos al cero absoluto.
Willkommen. Se ha revisado el infierno, una maqueta dorada del infierno entre la hierba, para que no se note el sol;
áreas multiplicadas, iguales a sí mismas por la sangre. El humo y la vergüenza.





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