miércoles, 8 de julio de 2015

de diez


Vengan los constructores de palabras, constructores de planetas.
Aterricen aquí. Construir una palabra no es tarea fácil: amor
o socialismo. Desmontad el amor del verdugo y estará plagado de justificaciones. El socialismo se construye
a partir de la patria, pero salen goteras por el himno, sus columnas son mástiles. El amor es mejor
no derribarlo, es un castillo de arena que no teme a las olas, se desnuca con un latiguillo funk. Es mejor
no cansarlo, veloz como un latido que se va.

Id a construir un beso, arrancadle montañas a la luna. Un beso tiene sus cimientos de madera, su tejado de plumas.
La espuma de los besos sabe a sal, deja un regusto a siempre.

El poeta moldea un término flexible que significa adiós. Un poema siempre significa lo contrario. Es mejor
no leerlo demasiado. No leerlo demasiado deprisa. Déjalo en el doble fondo
de la maleta extraviada en el aeropuerto, donde va también ese polvo extranjero; déjalo debajo de la tabla del parqué,
esa donde guardas lo que nadie ha visto. Es mejor porque el poema ha fabricado el amor antes que nada,
de la nada. Ni el poeta ha advertido ese milagro.

Los milagros -todo el mundo lo sabe- son para esta chica curiosa. La que pasea descalza por una avenida cinematográfica,
quizás en San Antonio, y sale en una novela sin censura (y sin cortar). La obra es
inmejorable: ella milagrea apenas como una virgen pero sin apodo, como santamaría pero trabajadora.
Cerca del desierto los imposibles toman un cuerpo enérgico en vez de frágil y se cumplen lo mismo que los años
o las promesas rotas. La chica es una colegiala moderna y literal que anda subiéndose
por los árboles, transformando en fruta la imposible soledad.

Ella ha construido un beso fuera del poema. La palabra elegida es un secreto bajo el río,
está en la orilla, a la orilla del río junto a unas piedras / unas ramas / un frescor soleado y feliz, allí los peces, los cangrejos,
la sombra que aletea perdida y se consume como un rato. Resulta que este beso es un bocado de tiempo,
un segundo en la punta de la lengua.

Los fundadores (¡mientras tanto!) han alzado una torre de versos de belleza infinita, aunque
¿quién atesora la belleza? Una corte de poetas se ha figurado en trance, ha entrado en trance para apuntalar el verso.
La belleza se ha mecido entre dos troncos puros rodeados de flores.
Ha destacado tan sobresaliente en la carrera hacia el azul, hacia el claro verano y sus tardes tranquilas;
ha puntuado el columpio de las niñas dando un diez.

Ah, hasta el amor ha quebrantado sus vértebras, se ha volcado en las dunas, ha merodeado la muralla
que sostiene en vilo su dulzura. Los rascacielos tienen cuatro letras ahora
y una base de silencio.



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