miércoles, 24 de agosto de 2016

jordan sin tiempo que perder


Llueve misericordia, viene, pues, un domingo pasado por alma.
Durante el funeral del jefe de departamento, el director de recursos humanos
recurre –sin éxito–  a la humanidad del difunto, los empleados murmuran, esto se alarga,
el tiempo se estira relativamente como en la cola de la mesa electoral, ante el semáforo en rojo, como en el entierro
de otro don nadie con escrúpulos.

Es intrincada la senda de la realidad; que se conjuga en sus términos opacos,
linda con el recelo. Una pareja de biks escolta al viejo, que se tambalea pero manda, no necesita escuchar.
Con el tiempo, todo se va impidiendo, todo se persigue. El humo ha revolucionado la manera de pensar de los poetas;
ahora, suman con los dedos y llevan en la mochila una bombona de oxígeno.

Fuma. Jordan. Fuma como si no hubiera un mañana, expulsa el demonio de sí, se expulsa
de sí como una broma y vuela trastornada por la música del piano; algo eléctrico tiene lugar en su memoria,
se disputa su aliento. La parte del amor ha permanecido tras el góspel y la troupe
consiguiente. Aparca su novela formal –es Michael Chabon– y se pregunta por el crudo exilio,
la vecindad y el teorema del miedo. Ha conseguido una plantación bien a resguardo del motor legal y su trastienda,
protegida por un ser supremo congelado en su imagen del mundo con un trago de vodka
en la garganta.

Pasa el domingo y se aburre la sombra; uno se dice:
he leído ya el periódico de hoy, he desayunado y tengo el estómago revuelto de tanto caminar hacia la luz.
Los perros tienen la respuesta, nos triplican en número, son dóberman de Bucarest; este Gris,
mezcla de Cerbero y Mason-Dixon Line, materia prima, orco amable, tiene arrepentidos a los ganefs del barrio,
que vuelven la vista cuando llega gruñendo (nada personal).

Lluvia contradictoria, vamos a contar las cruces; en la radio de ayer Rhiannon interpreta su intensa
balada, ha resultado ilesa de tanto coleccionar fantasmas, acaso fantasea esdrújulas de hielo
natural. Nubes en masa y críticas acerbas, lúpulo y carmín, ascetas de calendario, la fauna del pesebre
ocupada en su hacienda. Terminales de pánico y habitaciones vacías: así se pronuncia el entusiasmo, de una vez.





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