miércoles, 15 de marzo de 2017

sespiriana


Perfecto desconocido del sistema, donnadie del soul, alma de servicio;
un policía ful del amor,
un chivato del amor.

El poeta persigue la rima indefensa de los arcos bien torneados, la rima arquitectónica
de la piedra sumida en su protesta secular. Persigue la copla del amor distribuida de manera
uniforme por la hierba donde retozan las mareas, compra a bajo precio
besos olvidados bajo el reloj detenido de la plaza. Silba un tiempo perteneciente a la melodía
del tiempo. Hace caer. Derriba los pronósticos del aire.

Y las palabras caen de sus labios como rodajas de mármol desollado, hojas de marfil;
sucede el vértigo de la página tatuada por la física. Es la gramática
parda de la necesidad, la que se aprende la primera noche.

Vamos a decir que son enormes las posibilidades. Que la persecución es atrevida. Que los sabuesos no cejan de su parte,
se revuelven y aceptan un pedazo de hígado. La modestia no es patrimonio del arte;
ajeno a la belleza, el poeta deserta de todo indicio de vida, queda impune o fúnebre, desea
forma pero obtiene el mismo contenido ejemplar, de nuevo el más obvio y genuino. Su amor
es una bagatela, una baratija y vale menos
que un dólar de plomo en la garganta.

Ahora, Jordan.

Odia. El odio supera, suprime, debilita tanto que las piernas son abducidas por el terreno,
las manos se hacen huéspedes de una casa ocupada y ajena a la belleza, moldean un tiesto de claveles,
protegen a la rosa de su depredador. Es una chica desagradable que viste duro,
rabia y se preocupa, procesa el beneficio de su cálida industria: ese rostro en la matriz de las ilusiones, en medio del pecado,
dormido sobre un lecho de mentiras irredentas, como tiene que ser.

El poeta presupone los límites metafóricos adscritos al lenguaje, domestica
el poema con látigos verdaderos y contradicciones a la medida de la estupefacción. Distribuye sus píldoras
igual que ayer, fuma con toda su capacidad pulmonar puesta en entredicho; ama
porque es una cuestión de trámite,
solo de vida o muerte: besar o callarse para siempre, he ahí el dilema. 



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