sábado, 15 de abril de 2017

el nacimiento de una ficción


Cuánta alegría por la tierra
que se incrementa infinita, no termina, resultado del formidable producto del horizonte por la línea
azul imaginaria.

Gente pudiente, arisca o artística, gente de altura, Bakunin o Whitman,
gente que te puede, adicta a ese estilo de violencia que acongoja y delata. Ah, cómo les detestan los cobardes.

Pero esto es un infierno catastral, el reparto nada equitativo, el orgullo
visto como un bien estético, el orgullo religioso por la patria y sus lindes inmortales; fue subirse a la montaña, escalar
praderas infestadas de bisontes, matarlos, y mirar los cúmulos en lontananza,
árboles bien plantados sobre las raíces de la raza. Fue un exterminio,
pero… ¡qué rareza de arroyos incontaminados!, ¡que elegancia de espacios pulidos por la oscuridad de la noche!
¡qué escala olímpica de la geografía y sus accidentes amables!

Entonces el poema tuvo tiempo de enderezarse y vomitar su gusto por la naturaleza,
de creer en el hombre y la mujer y sus necesidades al descubierto; este poema impúdico de la libertad
y la idolatría, esta seguridad en las convicciones y el talento.

Ahora el parque positivo y disperso; da grima su importancia en el concierto de los continentes,
es una reunión fabricada en altura; no es posible atajarlo ni vagarlo,
ni viajarlo con una maleta agujereada. Nadie homenajea descampados, nadie planta banderas sobre el terreno (a ver si crece el odio),
solo escupen y tiran la ceniza. Es un espectáculo la observación del universo desde cualquier
punto estable dibujado en el plano, desde un punto de vista inexistente ajeno a los remansos,
los torrentes, la grandiosidad del montículo segundo antes de la radiante
cordillera, el fatigoso curso del algún río, su destino marítimo y confeso, aquella prepotencia de la fauna.

Nada se mueve en realidad, Whitman se ha roto una pierna de tanto
subir a las buhardillas del Bowery, frecuentar sus garitos
malsanos. A Bakunin le deben dinero, no es que vaya de cobrador del frac pero angustia a los marxistas,
que se le escabullen: por cierto, este es el panorama honroso y tan culpable de la historia.

Hay que mirar por el ojo de la aguja y contemplar la potencia secular del camello del barrio,
su joroba transitoria, su carencia absoluta de fe. El campo está lleno de insectos y vegetales en descomposición,
arduos procesos se suceden hasta confluir en un arco iris desahuciado. La lluvia ácida es de una aridez extravagante.

Los niños podrían perderse (por eso no salen), los ancianos podrían morirse (de viejos tal vez).
El parque continúa porque Jordan lo ha soñado de nuevo; ella en su casa de Los Ángeles. Colinas y promontorios
y tal cantidad de arterias luminosas.
Ella en su balcón, mientras la vida pasa, y se detiene.




2 comentarios:

  1. Se puede leer Peró cuesta
    Yo probaría entradas más cortas
    Y fuentes más grandes
    Un saludo amigo
    JO.......te hartado de leer

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  2. Vale Domingo, pero el diseño está ya bien pensado para que quepa todo bien. Un saludo y gracias por pasar.

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