martes, 7 de noviembre de 2017

respiración asistida


Pues la vida es una grave consecuencia,
permanecen los árboles, no las mariposas,
no las rosas que rebullen y se agitan. Jordan se ha comprado una almohada en la Exposición de Primavera:
es una forma de ser.

Daban tanto miedo las multitudes, daban pavor. Ahora ya no hay peligro, solo hay un gran
peligro, un temor que prevalece, que no pasa de largo. Informadores que haraganean con sus novelas
falsas en las manos; páginas en blanco, escritas en tinta invisible para otros
ojos más interesantes. Páginas impresas con banderas y escudos
deportivos; y bengalas que nadie quisiera echar al cielo. El Partido se ha constituido sin primero de mayo que celebrar,
sin manifestaciones ni meriendas, ni juventudes acaloradas,
sin himnos.

Jordan se acuerda: estamos en el parque. El parque cuenta con su propia respiración asistida, sus propios animales
de compañía, su escala de prioridades. Aunque el cielo sea un problema
para el Amor. El Amor es un objeto que le das un puntapié como si fuera una piedra redonda, un fantasma
redomado, es un equilibrista haciendo el pino sobre la valla del jardín.

Se puede cantar; hoy está permitido, incluso con micrófono y a pleno pulmón. Una canción
protesta, una letra propuesta y sometida a votación popular. Es el pueblo el que se inclina, se reclina y aprende
a consumir las noches como somníferos, a debatirse fuera de la ley.

Será que la vida pasa de largo del Amor (una introducción). El crack obra su prólogo
indomable, crea su jerarquía. Una falange de formalistas asegurados avanza calcinando la hierba, violentando
tréboles. Pero nadie espera en casa, nadie apaga la luz del comedor. Una multitud de insectos
traslada polen y metáforas de una planta a otra; el público
no es que ame o tenga corazón, no es que tenga un hogar al que volver con la cabeza gacha.

Jordan ha vuelto a sonreír después de un siglo. Su palabra se mueve entre
dos ecos de espuma, entre dos rivalidades. Es tanto Amor lo que surge de su huella, lo que brota de pronto de su espalda,
tanto lo que sus pies de bailarina recuerdan confinados en campos de silencio
(pues no se habla de aquello que no ha sucedido jamás). 



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