lunes, 18 de mayo de 2020

para la poesía


Para la poesía, has abierto las manos,
has cerrado los ojos para la poesía,
y has visto con los ojos del alma –tan lejanos–
tu corazón junto a la luz que ardía.

De tanta eternidad, se te mueren los ojos,
los ojos se te mueren con las manos abiertas,
un holocausto eterno de manos y manojos
de rosas clamorosamente muertas.

Rosas vacías, rosas de pétalos ariscos
como dientes de oro en la boca del hambre,
hambrientas y feroces, nacidas en los riscos
donde camina el Sol por el alambre.

Para la poesía, hacen falta más rosas,
hacen falta dos manos arrancando raíces,
y hace falta un enjambre de famélicas diosas
que bendiga las cosas que maldices.

Eternamente muertas, las rosas arrancadas
por la mano del hombre, tu mano femenina
que, sin embargo, aprieta la luz a tizonadas
de oscuridad que en pura luz germina.


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