lunes, 6 de enero de 2020

atareada


Acostumbrada al peso azul del mar, al peso
incontrastable de la altura, pareciera que el polvo fuese a anular la magia, que la temperatura
fuera a inmiscuirse entre la fantasía y el éxtasis. La Avenida
gira sobre sí misma, se le agria el carácter, tintinea
sus campanadas de Nochevieja, sus estrellas ninja; qué laboriosa
muestra su camada de cadáveres, la arquitectura
técnica de sus palacios rotos.

Esta perla RgM, esta muchacha infectada de soul, aclamada en el antro
como en la factoría, tiene que ir a trabajar, se levanta temprano
de la mano del Sol, acude a algún lugar, solo toma cuerpo en la mirada de dios,
tan inexacta, tan ferviente.

Su voz es un bote a la deriva, una chalupa, un barco
lleno de felicidad y estreno, sus bodegas, de oro; ¡eh!, que sus manos escapan al contacto, a la pura
misión de la belleza. Si tiene una misión, el Parque
acepta su contrato, abre sus puertas, levanta las persianas y le da la bienvenida
con un resto de dulzura.

Ella trae luz, un tono de piel, una navegación
profunda; tatuada en el iris, desplegada como una bandera pirata,
la luz entusiasmada de la vida, el auge de la juventud, floral y permeable.

Ha guardado un secreto, acostumbrada a la férrea levedad del cielo, a la frecuencia holgada de las nubes,
a la centralidad. Permite que los perros
peleen con su sombra, consiente que la sigan los poetas, que le den nombre a su estilo; ama
la risa fuerte de la noche, la suite
desangelada de las ramas bajas, el ávido flirteo de la hierba,
ama con infinitos corazones, a los vivos y a los muertos. Se levanta temprano cada día
para ir a trabajar.



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