martes, 23 de marzo de 2021

náufragos del silencio

 

Está el pasado, tan decente. En el mismo
plano, en semejante apretura existencial, concurren la vesania cotidiana y sus deslizamientos.
 
Está la vida y luego te pica la cabeza (los dioses se rascan
a escondidas). Ved, tenemos un naufragio, la costa ha consagrado un paroxismo
de murallas lunares.
 
La inmigración atenta contra la intolerancia, vamos contra
corriente. El Arte contribuye, con su paciencia, a la emancipación, nos restriega por la cara
el verbo, pacientemente. Así se vive; detrás del puro oxígeno, el alma
baja la voz –luz sin testigos–, fértil en su desorden natural.
 
Desde la oscuridad y el vuelo, la noche urde su aliento,
destripa la realidad con un salvoconducto, es tan bella como un mártir; protectora del eco
y la conciencia, su música pretende, no se esconde,
agradece el profundo sentido de la soledad.
 
Estamos juntos, nos separamos
cada uno por su lado, cada uno por el aire que le asedia; de fondo, una canción
creativa como una piel sincera, una sombra carente
de significado.
 
Toda palabra tiende a su máximo cargo de silencio; todo recuerdo se profana, toda fe
se retuerce en la memoria, el poema es un bate de béisbol contra la estridencia. Está el pasado,
que se muere de ganas de atreverse, tan sin preocupaciones.
tan otro como si fuera un cuerpo, un edificio
en ruinas, comedido como una doble figura, una reina de picas
o una pieza del mundo que se desmorona.



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