viernes, 14 de mayo de 2021

la terrible belleza de toda una nación

 

Y la noche aterriza en un solar vacío ―y nos hace el vacío― y ya tenemos
un nudo de soledad deshecho en la pizarra, la teoría inter-universal, el todo, el prístino
corazón del corazón*.
 
Viajar hacia la consumación de la industria, el cenit de las fábricas
mineras, chimeneas gigantes, hangares y máquinas, infatigables máquinas
bizarras. Consumar el hecho contaminante, debilitar el músculo de la ecología, inocular un virus
mutante en cada brizna de hierba.
 
Somos lo que soñamos. Somos el círculo
perfecto que se subdivide en pompas y burbujas, invade los arroyos,
desciende como un ángel granizado. El mar nos da la espalda, nos evita, mira en dirección a nuestra ausencia,
absorbe nuestra dignidad culpable, se marea
de tanto volver la vista atrás.
 
En el lienzo de la vida hay demasiada oscuridad. Aparece la belleza de Laura, sus hoyuelos (sonríe),
su pelo recogido. Vamos escalando nostalgia, deambulamos por los restos de la felicidad
entre hierros y neumáticos, espadañas y humo de barril.
 
Nuestra noche no es eterna, avanza como un águila hacia la claridad
infinita de los números con un pequeño cielo por delante, un paraíso circular. Bajo sus alas,
el Báltico y su memoria, el frío y sus estratagemas. Rememorando el terrible herbazal de las tierras altas, la vis
selvática de esta frágil naturaleza.
 
Recordamos ahora la sombra del soberbio futuro, aniquilamos las leyes
últimas de la física con una sonrisa casi real, ahora la singularidad
engulle la materia de los sueños y todo está vacío, tan solo queda un rostro suspendido en la nube del ocaso
y una rosa que aprueba nuestra historia.
 
 
 
* La expresión "el corazón del corazón" remite a un concepto matemático acuñado por Alexandre Grothendieck y extraído del libro 'Un verdor terrible', de Benjamín Labatut.



martes, 11 de mayo de 2021

inthahood

 

Oh, suena Sa-Roc, tal vez Olivia Dean. Llevamos los cascos puestos,
vamos a trabajar. La noche se avecina
desgraciada, una emboscada tras otra, estrellas que se clavan en las puertas, estrellas
descosidas de las almas.
 
La sombra del árbol no sabe de quién es, los pájaros no saben quién los canta,
las escaleras siguen hasta dónde. Una coalición de infinitos  
amenaza la virtualidad de la luz con fórmulas matemáticas y eslóganes propios de la física
de partículas.
 
Entonces Laura toma el avión y se desvanece en el pasado como un aura cualquiera, como un rictus
que desaparece, como una sola nota. Su esencia
resiste sobre todo en la madera del aire, sobre todo en el aroma
tardío de las amapolas, sobre todo en la bruma: diríase que un mar de nubes
amordazara los sueños.
 
Es como una muñeca, sus ajorcas,
su ajuar. Sa-Roc está en su casa o acaso está inthahood; ah, carecemos de referencias
útiles ni sutiles. Únicamente su voz traslada, transita, insufla,
respira un cuerpo entero.
 
Hasta el momento la lectura ha sido fructífera como un granero americano ―unos 40 acres―, quizás como un huerto
elemental situado en un planeta terrorífico, terraformado, hecho a la imagen
reticular del nuestro, aves y depredadores, halcones y palomas de la paz (es la política, chic@s).
 
El avión toma altura, se aleja un poco más, hace
sangre sin querer, es un corazón sin más mecánica ni más indicaciones, por el camino
arroja un rastro de sal, un despojo de lágrimas y propiedades. Ella no dice adiós,
ni siquiera abandona el silencio de siempre, ni siquiera
recurre al truco del futuro.


Robert Frank

domingo, 9 de mayo de 2021

mejor que amar

 

Mejor no pensar, mejor amar.
 
Estamos en familia, cómo se siente; el dolor de una madre, el sentimentalismo
accidental de una persona empedernida, pulsaciones
integradas en la vida familiar.
 
El poeta se acuerda
y se acoda, aglutina una sensibilidad decorativa: rey de conmociones.
Poetas: saben lo que es sufrir en primera,
segunda y tercera personas del singular. Sienten el surtido
completo, ofrecen una perspectiva multilateral, diseminada y fecunda.
 
Pero luego son alegres, y luego se divierten,
bipolares, trilingües, exactamente delineados por un lápiz de carpintero.
 
Van por la Avenida eminentes y quietos como estatuas o péndulos, inmóviles
ante la tormenta, qué tribunal supremo de la angustia. Pisan la red
cúbica del Parque y palidecen, qué estremecedores
sus nombres alineados en mitad de lo oscuro, estrellas tumefactas, luceros suplentes.
 
Mejor amar.
 
El verso corroe como un ácido en la punta de la lengua. El eco
familiar recorre el espinazo desintegrando placeres antiguos, asiduos. Todos procreamos
pensamientos impuros, pero algunos irrumpen en los salones de la literatura,
dignifican la degeneración.
 
Soñamos una revuelta independiente, un espacio no representativo, nuestro
trance fomenta la imaginación de los ángeles ―calificada con un rombo―, la indignación de los ángeles.
 
Somos familia. Nada del otro mundo. Primeras
personas saqueadas por el tiempo, corpus christi, coreamos himnos
deplorables, hemos lanzado al viento la bandera más inaccesible, hacemos cola para ver. Tenemos
la belleza entre ceja y ceja, a vueltas con la realidad, pero luego
nos mata una palabra certera,
un silencio capaz.




viernes, 7 de mayo de 2021

mundo casi perfecto

 

Mundo cambiante y decisivo, climático y glacial. Hoy hace
mejor que ayer, pero hace un frío extraordinario, los coches castañetean sus llantas anodinas, aúllan
los motores de extinción. La carretera no termina en la pared de nuestro
cuarto, la calle permite el escarnio permanente de nuestra flaqueza
ética; hay dos bandos y miles de expatriados, un volcán de incertidumbre
arrecia a pleno sol.
 
Aquel sol de justicia era un señuelo del Ángel. Su nombre no era Destiny®, su trabajo no era ser bella
en medio de la décima Avenida, ni vestirse de blanco, ni siquiera
obrar el milagro de la restauración. El prodigio era la maestría que impartía,
la simetría que arrugaba como se dobla
una camiseta gris.
 
Ahora miramos siempre hacia adelante, que es lo mismo que volver la vista atrás.
Laura paracaidista, sus alas mágicas eran un desembarco en Normandía
(campo de violetas que acogiera su descenso).
 
Nos invade una nostalgia que es pecado
directamente. Nos atropellan un sinfín de vehículos sin conductor, de vehículos
eclécticos, nos cazan como leones en un paso de cebra, agazapados en la curva de reducida visibilidad, en el pasaje
peligroso, el paisaje del vacío verdadero y sus múltiples
interpretaciones, todas ordenadas por un dios sorprendente.
 
Laura lleva un pasaje de barco, un pasaporte español, un ticket impreso de corte neoyorquino, un rascacielos
a juego con su altura ―vértice demasiado punzante. Su nariz es casi perfecta. Ella es casi perfecta
como un sábado de mayo o una primavera
prohibida, como esa canción del verano  que nadie consigue recordar.
Exacta como una parábola sujeta a las leyes de la
hegemonía, tan poética como un tigre
vestido de riguroso azul.



claridad

 

La frente con las nubes enfrentada,
los ojos en vistosa avanzadilla,
el visible rubor de la mejilla,
los labios en gloriosa desbandada,
 
golondrinas en pos de la mirada,
saltando de la boca a la barbilla;
encima de la voz, la gargantilla,
una gota de sangre atragantada,
 
debajo, el pecho, que a la luz entrega
un enjambre de rápidos latidos,
corazón que no sabe que le ciega
 
el amor con los brazos extendidos,
el puro amor que de la luz reniega
porque es más puro en todos los sentidos.


Carly Simon, 'You're So Vain'

martes, 4 de mayo de 2021

laura en la nobleza del invierno

 

Estatura, procedencia e ingenio. La victoria y su ética de la obviedad, una esfera
ingrata, el mundo sin aristas, el absolutismo
triunfante; ah, existe un territorio
comprensivo donde los números no dan y se pierde por la mínima, donde las calculadoras echan
humo y las bocinas no alteran el silencio ni la voluntad.
 
Fracasar y decirse y felicitarse
con un abrazo sólido. Hay una sonrisa que viene de la noche
perpetua, una cultura que sobrevuela todo el firmamento; fantaseamos con la noción del invierno, pero Laura.
 
Congratularse, poner las cartas sobre la mesa y respirar. Huir hacia el sur con las aves
y los pensamientos, pensar una parte cálida de la fantasía,
naturalizarse a la sombra de un cielo estrellado. En la hierba está el éxito,
yace la confianza, en el césped desequilibrado de las casas antiguas, en los anchos jardines
militantes, en cada única flor .
 
Venimos de la derrota y vamos hacia el sur. La Patagonia es un buen lugar. Será un buen refugio para el día D.
Nuestra leyenda es un balón de baloncesto que esquiva la línea recta de la realidad. Perdedores
que somos, gente de frontera.
 
Laura mide tanto que el cielo apenas se encorva para saludarla.
Laura ha ganado la partida, el partido; sube por la escalerilla del Arte, estrena habitación en la buhardilla
genial del poeta norteamericano; su estilo es una pirámide
bajo el mar.
.
Sabemos que el amor dura un solo momento en la filosofía,
compartimos ese sentido elevado de las cosas, ese sacramento inadaptado. Leemos
aquello que cae en nuestras manos. Contamos con ella, es nuestra ventaja; la palabra se rinde, el verso
asciende debelador e infinito, cabecea ligeramente
desnortado.


Stephen Howard, 'Raincloud Over Woodhill'

domingo, 2 de mayo de 2021

elogio del cristal

 

Queda lejos el Paraíso; seguimos el rastro
septentrional de las palomas, nos aclimatamos. Laura no suele agotarse,
no se emociona demasiado, su belleza ―escudo de tormentas― se desintegra lentamente,
a cada paso encuentra un espejo distinto que le devuelve una parte de su alma.
 
Tenemos el Norte en la memoria como un rayo, tan físico que quema, tan al rojo vivo de la noche
eterna, al compás de los elementos
químicos y su magnetismo. Algo subsiguiente, emocionalmente
tardío pero también absoluto, un desgaste de las proporciones: el frío
y su séquito de agujas, su partenogénesis
universal.
 
Abrazamos un copo de aire por los ojos,
es la huella, el encanto plastificado en una melancólica
opción, una opinión  en contra. Parece darse un acercamiento al embrujo lunar y sus casualidades, su reciclaje
de las estaciones, el estricto compendio que escenifica un rectángulo de hierba.
 
Laura acomete una pasión, cobran vida sus hoyuelos,
sensibles como reinos vegetales, como flores recién nacidas al paisaje.
 
El Arte ha fracasado en su encomienda, ha degenerado radicalmente, su fortaleza
es el pálido esbozo de una sonrisa, su música
sigue la pauta exánime de la soledad. El amor se arrima a los espacios vacíos, tiene esa facilidad de enemistarse,
esa sordidez de las naturalezas muertas. El amor es un Parque rodeado de nubes,
templado por el viento que recoge la fórmula del hielo
y la deporta, y la detiene y sangra su temperatura corporal, sus grados bajo cero,
su negacionismo. El amor en un suspiro bajo tierra, en una nota solemne, un pálpito, una sobredosis de cordura, el tierno
desarraigo de las mariposas y el encendido elogio del cristal.



miércoles, 28 de abril de 2021

partisana

 

Laura, rayo de Sol. En la frente, el solsticio, el rasgo.
Hace tiempo que no merecíamos la confianza del Arte, que no nos debatíamos. ¿Será la Superheroína del siglo
diecinueve? Es la Musa de la IIGM, defensora nuestra. Es la brigadista.
Nuestra.
 
Con ese cuerpo de metáfora y hueso, esa (sobre) naturalidad, ese protagonismo. Subyace
a lo largo de la Historia, ah, si combatió sobre la hierba ―ilesa― a Roma y sus legiones, si fue adorada
por los pueblos.
 
Ahora la reconocen por la calle, barre el Parque entero con una sonrisa,
atraviesa las fronteras de las bandas como un Warrior. El Parque ha esmaltado su reino para ella, sus gorriones
astutos, los jilgueros del sábado, todos en la misma frecuencia auxiliadora de sus manos,
todos a coro expuestos a la savia del milagro.
 
Laura, rayo de Sol. Su poesía armoniza una zona
extraviada, un patio de vecindad con sus macetas rebeldes, su antena lírica, la cartuja del alba. Su magia
distribuye serenidad entre las sombras, hace felices a las palabras
únicas, sustituye al reloj de la naturaleza.
 
Su boca ha pronunciado un beso
en el aire: es bastante amor. Equivale a una fortuna. Envalentonados los labios,
secretos labios, el sonido absorbente que remonta los árboles y las colinas, que prepara con mimo la comida
del pobre y prospera ante el vértigo, una estrella sin punto.
 
Norte al ras, capa por capa en la coraza del frío,
fuera de los mapas que señalan el horizonte, del mundo que apunta con el dedo
hacia el futuro. Laura, rayo de luz en el desierto, más puro (más pura), más alto (más alta),
y más ajeno. Y más.


Watanabe Seitei,
'Bird on a Persimmon Tree'

lunes, 26 de abril de 2021

teatro de espinas

 

Este idioma es un espectáculo espinoso, puedes tocar
el dolor (con dolor). Este verbo adquiere penumbra, se trastoca. Cocinamos el verso
como si fuera un trozo de vida, con miedo. Esta lengua nuestra ―alta en la escala del pánico―
transpira un sudor debilitante, carga con la sabiduría de la gente.
 
Escribir sin angustia carece de mérito. Nuestra lengua es el miedo, colosal y discreto,
amortajado, nuestro verso es un trance apenas bendecido por las barras del KRIT, un catálogo
razonado de miserias sin límite.
 
Laura ha quedado encantada. Ha salido despedida. Ha huido como alma  
―alma que es. Necesitábamos un refugio urgente, docente. Destiny® nos ofrecía sus alas místicas, su santateresadejesús,
su maríamagdalena: allí nos alejamos. Lejos del mundo
la música se oculta, los nombres evocan el pasado y la ausencia.
 
No necesitamos crítica; nos urge una opinión
molesta, una falta de respeto, un cataclismo moral. Este idioma
al rojo de las emociones, dulce aurora (boreal), autónomo pero (demasiado pesado) algo innisfree, menos real. Nadie
conoce el andamiaje de esta roca que mana y se reproduce
y muere en las tablas de un teatro de títeres.
 
Nota bene: el poema lleva recargo como la lotería de navidad. Nos consta una barbaridad de formatos,
gamas de obsolescencia programada, patrones que confían a ojos vistas en su amplitud
explosiva, puros excesos del pensamiento que ama.
 
Verificamos la parte científica del espíritu y la plasmamos a toda máquina;
crujen los ventiladores, echan humo las rotativas, el aire acondicionado arde como un pequeño
bosque imaginario. Este lenguaje parece insustancial, no tiene
nada que ver con el ideograma general del mainstream, su balbuceo
trascendente.
 
Pero todos se marchan, el mundo hace aguas. Conste que habíamos avisado
del mundo.



viernes, 23 de abril de 2021

báltica

 

Ella procede de un norte sostenido, un fin del mundo personal, un viento picado (Laura ha nacido)
donde el recuerdo es tan verde como el mar y la nieve
aproxima un estuche de hierba. Donde las rocas forman paredes de insomnio. Posee
esa cualidad interna de los cisnes, ese derecho fundamental del lago. Sobre su imagen cae un espejo
gigante, en ella se advierte la fragilidad de los cometas, pende de ella una enfática
melancolía.
 
Tan cerca del cielo, tan al lado, norte que no remonta su inocencia de siglos; muestra ese cuello
noble y decadente, esa cualidad humilde de los cisnes, el revuelo. Existe el frío porque ha frotado sus manos
infantiles y el hielo ha cuajado entre sus dedos, ha nublado su frente. Existe
el frío porque su pelo existe
y centellea.
 
En el cuadro, la sonrisa se le escapa por el borde superior de la noche
perpetua (y sus acantilados). La sonrisa ha sido trabajada por el cincel del sueño, tallada en el mármol
epicúreo, zirconita celeste de hace un millón de años.
 
Qué nación de poetas, qué cuerpo de estanques,
qué corte de planetas exigentes. Ella sale corriendo, su ciudad es el mundo volcado en el espacio.
Su ciudad es un carmen, una lujosa sala, un palacio insurgente, la antesala vibrante del silencio.
Sale como un alma, como una fuerza de la naturaleza, con esa misma fuerza de la naturaleza que presiente
cielos estrellados, estallidos, sufre raptos de consciencia.
 
Con ella, vamos al norte, donde alivian los dioses su afectado tormento y las risas se escuchan
tan afuera que parecen extractos de otra soledad más pura, otro firmamento
adelantado, otra estrofa perdida. Relinchan los caballos del arte, silban su extensa
monotonía, han sido testigos. Ah, Laura, tu belleza duele como el día de mañana, quema como el aire
que respiran los muertos, nace en la virtud de los relojes, arde
en cada sombra que fecunda la matriz del alba,
                                                                             se parece al instante de la muerte.



miércoles, 21 de abril de 2021

nación

 

Ella limita con los siete mares
que al horizonte rinden su pureza
y también con los cráteres lunares
donde la luz del cielo se tropieza;
 
al norte con los círculos polares,
al sur con la mitad de la belleza,
al este con el Sol y sus telares
y al oeste con más naturaleza.
 
Ella no tiene límites, no existe,
solo es posible en la literatura,
entre las líneas de una historia triste;
 
allí, sobre la cima de la altura,
limita con la bóveda celeste
al norte, al sur, al este y al oeste.


Jonathan Green, 'Sisters Homestead'

martes, 20 de abril de 2021

contemplación

 

Dentro del mismo cuerpo
dos visiones distintas, dos figuraciones, una consciente, una que piensa y otra que vive,
dos versiones distintas, no complementarias, independientes. Una que piensa.
 
Destiny® lo comprende, tiene los ojos rojos de tanto llorar;  le interesa la muerte, siente
que la parte pensante ya está muerta.
 
Ah, la rosa está mustia de tanto llorar; la Primavera ha comenzado con un estallido de disolventes y ácidos,
un procesamiento intensivo de la realidad.
 
La escena: una muchacha alta y majestuosa, su cuerpo ocupa el espacio
siguiente (una situación embarazosa), su proximidad es siempre accidental: has de tener
cuidado de no chocar con ella por la calle, también en el Parque (está prohibido soñar). Ella
pasea por el Parque con un sexto sentido cogido de la mano,
estriba, aterriza (aterroriza), tan absorta, sus ojos azules manifiestan un batir de alas, un llanto
crepuscular y ajeno, una formación de Lázaros.
 
Estamos en primera fila viendo pasar la vida, en butaca de patio; vemos
manejarse a las personas con actitud responsable, manejarse a los gatos, manejarse a los perros, a los automóviles,
los planetas, ¡las mariposas! Vivimos este mundo manejable que no nos acompaña, nos evita, nos globaliza
dentro de un mismo cuerpo.
 
Destiny® no se arrepiente de su alma,
desnuda su luz comprometida y visible. Ahí está el piloto encendido, la llama
inextinguible de la soledad inmensa y sus prisiones.
 
Vemos la pauta geológica del mediodía, su artesanía
intacta, el barro que constituye su aliento, el aire que constituye su risa, el nítido fulgor
de la distancia. Y nos tranquiliza el tacto secreto de la noche, y nos desampara y nos absorbe, nos encierra
dentro de un pensamiento sin nombre, de una acción
insospechada y mortal.



sábado, 17 de abril de 2021

como la noche

 

El cielo y las estrellas, un poste de telégrafos, Kareem Abdul-Jabbar.
Una montaña y un segundo piso, un jilguero en su rama, la lluvia en general. Ejemplos de grandeza,
territorios pelados, ariscos campos de batalla de la geografía. Decir que ella es geográfica
porque no sale del trabajo a las ocho de la tarde. Que es
geométrica porque multiplicar su base por su altura produce un resultado
comercial.
 
Empieza por el pelo animado y visible, observable como una Región O,
un pelo vestido de domingo, bien peinado, mecánico pero sangrante (la sangre no tiene que verse, no es necesario).
Digamos que escucha a Lucky Daye (todo el mundo quiere cantar con él). Que siempre
tira para abajo, mira para abajo, anda cuesta abajo desde la tundra y las prosaicas rocas
groenlandesas.
 
El cielo de mañana por la tarde, la Luna en su apogeo
literario, la morbosidad de los planetas; cualquier tipo de vida
extraterrestre, cualquier noción de la aeronáutica o el alpinismo. El premio de la montaña del Tour de Francia.
Sus labios pertenecen a una aguerrida
materia histórica, son conquistadores por conciencia, su ruptura
funde la topografía del aire; cárcel de su lengua madre, hogar de la inquietud.
 
Digamos que escucha a Luz (Luz Corrigan): todo el mundo querrá
cantar con ella algún día –también Lucky Daye. Sus manos flexibles, sus piernas,
extremidades tan extremas como la propia luz del Sol, tan de extrema gravedad, exuberantes,
dobles como vuelan las hojas de los árboles, como retoñan flores en el campo.
 
El cielo y las estrellas, los Ángeles y el verbo. Algunas maravillas;
desde todos los ángulos fractales, desde cualquier melancolía. Vista por la ciudad
de las ciudades, Gotham incalculable, calcinando el asfalto con el bote suave de sus pies de aguja,
alta como el espacio que retiene la noche en el vacío,
como el silencio que atruena por todo el universo.


Christopher Buck, 'Golden House Nocturne'

miércoles, 14 de abril de 2021

al norte de la realidad

 

Limita al Norte con la pureza, organiza el secuestro de la tierra
virgen; hasta el Sol parece increíblemente
despojado, rayos como autopistas repetidas, ritmos que abundan en la infamia de las especulaciones.
Somos libres. La libertad comienza por, es un abuso
específico de la ley, sucede a un deslizamiento frontal de placas tectónicas americanas,
un fraseo genial con dedos de lava fría.
 
Al Norte sabemos lo que hay, hay un desplazamiento al rojo de las navidades,
una satisfacción incorporada. Los trámites navegan fiordos; sacamos la entrada para el espectáculo
natural (pero hoy cancelaron la función, hoy solo lluvia: una burda estimación del trozo de planeta
que nos corresponde).
 
Oh, Naturaleza viva,
fehaciente, Mayúscula vitalidad infatigable; gente que cliquea por la calle
con el iPhone caducado, sin las ideas en regla, sin una identidad sexual ad hoc. Asombrosa
gente que conoce a Joy Crookes (su voz nocturna) y la atesora o asciende a algún que otro significado
profundo (gente artística: ordinary people).
 
Qué personalidad; la altura definitiva es importante como un bálsamo,
inaudita como un sacramento administrado a desho(n)ra. El frío debe continuar, es cool. Hielo y parques
de atracciones, pistas de hielo, potras y caídas de impacto. Un nombre
intacto entre tantas pisadas diferentes, camino hacia nunca jamás.
 
Ahora vemos árboles de distintos tipos, altos como rubicundas muchachas boreales; su naturaleza
es ejemplar, promete sensaciones al filo de la inestabilidad
molecular, dulces pérdidas de entropía y noción. No existe el fracaso en su mirada, ella
es sanadora y filantrópica, practica la hipnosis, es práctica sin ser condescendiente. Ah, y su familia guarda
parentesco con cierta rama metafórica de la razón pura, cierta
esencia inafectada, semejante concepto de la convicción y el éxtasis, tal
belleza dominante. Así sea.



lunes, 12 de abril de 2021

el aura

 

En el cielo florece el Sol, el aura
de tu liviano corazón florece
en la distancia entre tus ojos, Laura,
 
y la nostalgia que les pertenece;
tu nombre en el espacio que descansa,
y en el vacío que trabaja y crece,
 
entre la fiera rosa que se amansa
y el manso río que tu voz inunda
de tierra dulce y mar que no se cansa
 
aunque tu voz a pleno sol lo hunda
y tu silencio a gritos lo rescate;
este cielo metido en una funda,
 
puesto a la venta en un escaparate,
donde florecen nubes y contornos,
y la luz es un arma de combate,
 
donde la sombra bulle de altos hornos
y los Ángeles ganan en altura
pero ceden el aire y los adornos.
 
Los jilgueros que ciñen la espesura
silban tu nombre, Laura, alegremente
y su canto es la vida que fulgura
 
y nada como un pez contra corriente.
La vida es para ti, dura y entera,
tan cierta que no sabes cuándo miente
 
–es una mentirosa de primera–,
tan falsa que no sabes cuándo el beso
del tiempo para siempre la exonera.
 
En el cielo ya aguardan tu regreso,
blanca paloma de los Principados,
los que son como tú, de carne y hueso,
 
y los que son espíritus sagrados;
en la tierra, la noche que te ama
con todos sus luceros alineados,
 
capaz de ver tu rostro en cada llama
que puebla su horizonte de tormentas,
noche que sobre el mundo se derrama,
 
por la que va la Luna llena a tientas
y los pasos se pierden hasta el día;
¡qué luminosa oscuridad alientas,
Laura, desde tu amarga lejanía!


'Lake Sevan by Night', Georgii Bashindzhagian

oliver twist

 

El campo ha completado una desviación típica, ¡ha vivido
tanto! Esta vegetación cuantifica la sequía, es el mundo tras el huracán, tras la furia
desatada de las aglomeraciones.
 
La existencia trama un big rip que no se reconoce a sí mismo, es un espejo
culpable. Los amigos se agradecen los servicios prestados y pasan a mejor vida, la familia
condena al destierro (como única misión). La gente pasea
por el Parque con la decepción instalada en el rostro, solo los jóvenes tienen tiempo para desaparecer de la foto
familiar, para desvanecerse como ráfagas de luna.
 
Flores sin apariencia de flor, signos sin contenido, figuras
rotas esculpidas en el sembrado, cosas extraterrestres desperdigadas por ahí. Chicas de La India,
físicamente perfectas, sus ojos industriales forjados en la fábrica del sol.
 
Tirado por los suelos, el libro es un desastre, el viento pasa las hojas, se detiene en la página
número 1.000 y vuelve a comenzar. Eternamente. En la estantería de la biblioteca, en la librería
de la esquina, el libro florece a voluntad, por su propio
autismo literario, nadie lo toca, pero arma un paraíso de soslayo a través de los tupidos ventanales.
 
Trenes veloces surcan
la endemoniada red de corazones, lanzan el humo dulce de la soledad,
son un recopilatorio de la tristeza del género humano.
 
Ocurren transiciones trascendentes, se completan
como puzles animados, te rompen la cabeza en pensamientos vacíos, ideas que fortalecen la teoría del todo. Hay
campo para siempre, su extensión es la de un universo
en forma de silla de montar, de membrana o, tal vez,
de niño abandonado.



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