miércoles, 16 de enero de 2019

preferimos a ni


Preferimos a Niza porque… preferimos amar? Emily ha mirado lejos
(es un fantasma), recorre las galerías del aire, corredores galácticos, insomnes
pasadizos donde retumba la locuacidad del espacio… Alguien prueba un chiste fácil y el universo
flojea, se desarma y ralentiza. Es porque sus ojos son tan oscuros como una toma de corriente, como un brote
de sándalo, como una doble sesión de medianoche.

Preferimos a Niza pero escogemos a Em, que anida en Nueva York y recorre
los tenues pasajes del parque central (que no es el Parque, todavía no), asilvestradas
sendas entre dos paraísos terrenales, entre dos firmas
comerciales, entre dos naciones, dos idiomas, dos almas.

Atentos: la principal ocupación de la familia es defraudar,
es defraudarse, hacerse cruces y negar la soledad de sus miembros a punta de pistola. La frustración
cabalga por el árbol genealógico, trepa como un chimpancé de manos tristes, rama
a rama debilita el parentesco hasta el tercer grado de la infamia,
se come las rosas con apetito demente.

Solo el poema oculta su preferencia, no deja traslucir su gremio, evacúa las líneas
enemigas, difunde una mayoría de palabras secas, se atrinchera en un corralito de nubes. Solo el poema
funde la saga en una tormenta selectiva, atribuye su falta de atributos a una malformación
estética, horroriza a los niños con tanta melancolía.

Ahora nos apresuramos entre dos fuentes hermanas,
una más fresca; pero ella no necesita interpretar el legado, su arte se ensaya frente al espejo del alba,
su cautelosa figura asoma en una orla inmortal, distante de las ávidas lenguas de los ángeles,
orgullosa de su aroma y su literatura. Oh, Niza incrédula,
favorita del Verbo, ahijada de la Luna, secreta amante, tus ojos son dos monedas de plata en el vacío,
el deseo que ajusta la belleza del mundo.


lunes, 14 de enero de 2019

aleluya!


En la estantería, escuece la obra, justifica su jurisprudencia prospectiva:
aleluya. Bálsamo para almas deterioradas, la obra incide y reincide, doppelgänger, arma de cuatro filos;
en el armario póstumo de Filifor aprende (de) todas las penalidades, contraataca a sus enemigos
clásicos.

Ya que la obra describe –pura retórica– instancias superiores de la animación,
inquietudes muy humanas y supernumerarias, cuasi holográficas, desmonta la noción del equilibrio narrativo y la sustituye
por un desequilibrio argumental al gusto de la nomenclatura. Ya que la obra
rescribe la historia de la nación con trazo débil, finamente
inflamado de acontecimientos.

Sucede que la vida es un recordatorio, se pasa por un filtro de tristeza,
opera con altos pensamientos, imágenes, no con relaciones (que apenas cuentan). La esfera de los hechos
alardea de su exactitud pero siquiera refleja un mínimo porcentaje del círculo
poético, los hechos no responden a verdad alguna,
solo son.

Entonces, el discurso creativo debe retornar a la idea, ha de retomar la idea,
focalizarse en la antítesis del relato, funcionar sin referencias, atento únicamente a la fidelidad de lo imposible, el texto
irresponsable, la eterna cualidad del arte (es la intuición).

Críticos habrá, escritores y documentalistas, gente instruida. Habrá
poetas geniales que rubricarán sus obras con endecasílabos de postre y de postín. En los escaparates
de las librerías los volúmenes serán amontonados con ilusoria eficacia, sus colorines
verán la luz de la mañana constante del entendimiento
y sus títulos perderán la esperanza.

Oh, dulce aire que conmueve; necesitamos la radiografía de un niño, el esqueleto
formal de una parturienta, el débil fémur de una anciana. Escanearemos el cerebro de la noche y, así,
saciaremos nuestra sed de alegoría. Ya que la obra
describe una pasión, la cadena de la suerte, escena tras escena, y la vida es otra cosa, aunque sea tan terrible
como la muerte en el recuerdo.




sábado, 12 de enero de 2019

pequeño gran hombre


Vamos hacia lo desconocido, abrimos el libro y en la página
número uno (par)
hallamos un sepulcro blanqueado, una sublimación emergente. Emergencia y turbación. Alardeamos
del poder de la escritura, somos artistas encumbrados, simios con lápiz y papel.

En la ventana, ese cuadro perfecto, una muchacha
atina, dispone de unos minutos perfectos y no los aprovecha, pierde el tiempo
sobre una mañana sin escapatoria. El Sol difunde un espectáculo c(l)arísimo,
origen como fuera; a su orilla, el césped, la nutrición de las ensaladeras, el victimismo y el trabajo ímprobo
despachado en los astilleros de la lengua.

Algo como un espionaje en diferido, el ojo de la cerradura
puesto a tiro de nuestra polifacética actitud, nuestra actividad exorbitante.

El obrero tiene un objetivo soviético, apuesta por un embalaje georgiano para su tradicionalismo;
ha confeccionado un apurado motivo estético
y lo ha llamado poema con tal desfachatez.

Pero los sabios –que son como ángeles opuestos– no nos lo perdonan, abanderan un coro de estropajosas voces
discordantes, abominan del arte y sus menudencias; tienen un concepto
inexacto de la ruina moral, tienen su palco en la ópera, su butaca de patio para el teatro
burgués de las grandes firmas transliterarias; conocen la obra torrencial
del Ogro.

Lo desconocido se desvanece en la maraña de observaciones (tan rígidas). Todo es como si des–, un despropósito.
Mientras la montaña clama al cielo, subimos a la montaña con el alma en un puño
levantado, pero nuestra voz ya no nos pertenece, tiene una etiqueta y un precio,
justo el precio que no es, ese que vale tanto como el mar que despreciamos.



jueves, 10 de enero de 2019

autotune


Y la belleza fluye –se autodestruye–  a campo abierto,
se abre, desnuda su hermetismo y agasaja los sentidos más pobres. El Ángel no es de este mundo,
ajena se muestra y revolotea ignota,
asciende como un sucio pájaro de mil corazones, tan manchada de sangre,
ser oscuro, hija de la tempestad.

No se advierte, es de todo punto
innecesario, es evidente también: la poesía rechaza la interpretación del poeta, su exégesis,
obvia su propósito, ah, lo encuentra indigesto y presuntuoso. La poesía es para los demás,
no para el poeta, porque el poeta ha visto y reconoce la soberbia tiranía del beso, el altruismo obsceno de la maldad
omnipotente: ha disentido de un alma, abiertamente.

Alma es carne en acción, es verbo y es un salto ideal hacia lo desvanecido;
alma es trance y garabato, verso sin acento, verso blanco, inverso, desbaratado verso,
universo a través, océano de garras y mordiscos, espacio en balde –sauna detrás del Paraíso.

Un Ángel no tiene nombre (ni espíritu), el suyo es un ritmo de reloj o estrella, una línea
disuelta en la inmensidad del sueño, es tiempo en la memoria, niñez, silbo entre jilgueros ausentes, es una flor
infinita. Decidlo por primera vez y como nunca, llamadla por su imagen reflejada en el cielo,
esperad la epifanía o el regalo; pues su belleza confisca la realidad, acude al rescate del diamante,
es un cofre de magia natural, un árbol.

La verdad es tan dulce como un gramo de hierba, una molécula de humo
en la nariz. El poeta, tan mustio, derivado de un antes y un después, atrapado en su promesa de hielo,
oh, contagioso y formidable retiro.

Dejamos los nombres, las personas, las mesas y los capiteles, las uvas y el placer. Dejamos de obrarnos,
forjamos la carencia, avivamos el descenso, la precariedad del músculo, instauramos una república
de obreros sin trabajo que hacer, un espejismo sin genio que lo aumente, un mundo lleno de soledad,
tan hermoso como la sombra de lo que no pudo ser y no fue.



Amy Sherald

lunes, 7 de enero de 2019

antro-paraíso


Aquí no se envejece.
Esto es una mente. Todo ocurre dentro del orden natural del pensamiento,
es decir, fuera de la naturaleza.

Y el lenguaje es tan ajeno como un espejo de agua, como una televisión americana, como un programa
de reconocimiento de voz. El arte reconoce la voz del Rap, lo esconde caritativamente
entre sus brazos floridos.

Los poetas abjuran del KRIT o es que lo desconocen, prefieren no darse por enterados,
ni ver el cliché del pandillero, su cadillac intermitente, ni ver a Mara reventando las etiquetas del soul. Pues esto
sucede en otro continente donde solo la literatura
prevalece y ondea su bandera exánime.

Aquí no se envejece, el tiempo recorre un circuito eléctrico de drásticas similitudes y efímeras variables, efectúa
su recuento de acontecimientos, organiza la totalidad en base a una concisión matemática y un espíritu
asociado al estilo y la grandeza de la premonición. Aquí el aire no se respira,
ni el cuerpo reacciona con malicioso destello hacia el discurso vital. Hay un rotundo
respeto por la Historia y sus aceleraciones, la cultura
y su aclarado académico, hay un respeto por la enfermedad.

Es que el tiempo no existe, o no existe el cuerpo, o no existe el árbol del ahorcado,
o no hay soga alguna, cuerda ni teoría de cuerdas, proximidad o caos. Por ahora, el runrún del motor, la simetría
horizontal de las imágenes reales, aquello que conforma (y corrompe) un ambiente
cortante e inseguro como el espacio detrás del Paraíso.

Aquí hay un Ángel para cada protagonista, un cuento
para cada flor. Las palabras se muerden la lengua y los silencios pertenecen a la carne. Y el mundo no se acaba
nunca: basta con pensar en el futuro.



viernes, 4 de enero de 2019

forma-orden-luz


El poema está fuera del mundo; fuera del mundo hay:

             forma(s)
             orden
             luz

Observa el mundo y lo comprime en una locución, una orografía, un istmo. El poema no quiere
lanzar las campanas al vuelo, no aspira a la reconstrucción del paisaje,
sintoniza su frecuencia con otra frecuencia imaginaria, un periodo soñado, se prescribe trazas de pesadilla,
nubes ortográficas, límites.

La miseria real de la poesía radica en su ubicación temporal,
su datación y su data –entendida ésta como acumulación objetual y semántica–, su semiótica multidimensional (y su Alejandría).

Pues el poema encierra: forma-orden-luz. Y es consciente, pero necesita
el pulso, la tormenta perfecta del pensamiento original. El poema –ajeno al mundo– encarna un afán de una sordidez
extrema cercana a la perfección, un virtuosismo; en contacto con la sociedad
se desvanece, en contacto con el Arte se despuebla.

Qué curiosidad, qué transformación, qué pesadumbre. Cada verso
es adjudicado, pertenece a una sombra. Parece curioso que una entidad antipática (como el poema) pueda representar
suma tan imponente en términos
estéticos.

Urge adelantarse al presente: como en una nave espacial que cursara
un agujero de gusano y se proyectase en otra coordenada espacio-temporal, otro universo mejor y más resolutivo
donde el genio hubiese triunfado (ya) sobre la humanidad.

Definitivamente, el único poema yace fuera del mundo, sublevado
y tristón, comprimido entre risas y abrazos, desertor de todas las miradas, de todos los sentidos,
lejos de toda esperanza, toda voz…

             de toda forma
             todo orden
             toda luz

miércoles, 2 de enero de 2019

óptica universal


Extraños, tan extraños que apenas hablan ni despiden
centellas por los ojos. Extraños en el fondo, demasiado seguros de sí mismos, demasiado
tenaces, hechos a semejanza de una pequeña parte del tiempo, huérfanos
de carácter. Autorizados a divulgar una épica de largo
alcance, una óptica universal.

Todo se reduce. A una música exquisita (o su aniquilación), demasiado segura de sí misma,
agraciada en limitadas dosis de realismo salvaje, digámosle JAZZ. Hagamos una base sobre la que surfear
rítmicamente sin limitaciones, como si dijéramos una ley que permitiese
portar un AK-47. Un incendio (siempre) en la lejanía.

Estamos en que arden los océanos y los bosques se aclimatan al nervio de la oscuridad,
la hierba atardece en las postales, la hierba es una enredadera que sube por el cielo: ahí estamos. Ahora,
conmovidos, asistimos a la derrota de la humanidad –producida por 9th Wonder (no confundir).

Había que hablar del Parque en esta estrofa (por imperativo legal). Los Ángeles sobrevuelan la ciudad de LA
y también asuelan otros muchos lugares alrededor de la gran urbe, por el mundo entero
reinventan una diplomacia arcaica pero funcional, un estrago permanente.

Concretando: el Ángel llamada D, replicante y distópica, orgullosa de su procedencia y de su raza,
oh, su energía que parece amor, su amor que parece un arma semiautomática abriendo fuego contra la naturaleza,
su mirada incrustada en el futuro, cogida con pinzas de tender el alma,
dominada por mareas elementales. Su mirada es un proceso del que uno no puede
arrepentirse, un carrusel calibrado en secreto por un maestro Zen
dedicado a la contaminación del infinito.

El tiempo se ha puesto de parte de aquel tiempo –algo imposible. El pasado
conspira contra sí, el Arte conspira para sí. Tanta memoria como si fuera una suerte de publicidad gratuita, tantos recuerdos
asfixiantes, sogas que colgasen de cualquier viga cerebral. El pensamiento aturde
con su semántica pesada; pero ellos no lo piensan, ni han hablado todavía, será porque el futuro les pertenece.



lunes, 31 de diciembre de 2018

hoy es el día


Y vas rozando la ansiedad perfecta,
y pasas cerca de la extraña rosa:
tu mano peregrina recolecta
los besos de la noche temblorosa.

Tus ojos forman una línea recta,
dos gotas de horizonte en una fosa;
la luz de las estrellas se conecta
al cielo que en tu piel se desendiosa.

Cualquier rayo de sol pide su fruto,
tú solo ruegas el callado luto
de los párpados ciegos y la luna.

Y vas rozando el alba que regresa
con la miel de la noche que te besa,
como una semidiosa inoportuna.



Ayer tiré la luz por la ventana
como si tu mirada fuera mía;
hoy he tirado el corazón, mañana
irá por la ventana mi alegría.

Contra la tarde y su palabra llana
abrió fuego la luz mientras caía;
qué pura sangre de la tierra mana
como si fuera pura flor de un día.

Hoy es el día; alzó la primavera
sus manos al encuentro de tus ojos,
la prodigiosa carne de las flores.

De cuerpo ausente tu mirada entera,
solo tu dura ausencia y los despojos
de mi amor y de todos tus amores.


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FELIZ AÑO NUEVO A TODOS.

sábado, 29 de diciembre de 2018

hacia la soledad


Hacia la libertad, donde haya un pájaro, una brizna de hierba,
un verso. El tiempo está templado, ha sobrevivido a una matanza, pero sigue
muriendo, sigue escribiendo en alto, con mano firme, mente turbulenta.

(Solo) aquello que no es real avanza inexorable, es decir: el futuro. Avanza inexorable-
mente, desenfunda más rápido que nadie, se triplica en un instante de gracia tan palpable como una mandarina,
tan extático como una mariposa; la interioridad del mundo es residual, ha alcanzado esa propiedad
sin importancia.

Los chicos replican el ritual de la Historia, faltos de imaginación. Están muriendo de dos en dos, van
entregando la sangre, las lágrimas, las notas tomadas de la vida misma,
una vida civil, civilizada, ausente.

Hacia la libertad, un pájaro contrito, aunado a esta cualidad humana tan poco
perfectible, metafórica. El mundo era un lugar estimulante hasta que aparecieron los milagros,
los profetas y su impronta subterránea, sus dos metros bajo tierra, la Luna que traían en los ojos, la tierra
que traían en las uñas, la sonrisa del lobo.

Traían una longitud rabiosa, un aparcamiento para todos, una profunda sobriedad. Traían
el alma de su generación hincada en una pica formidable, homérica; dejaban transcurrir la memoria,
sin auriculares ni provisiones de humo.

Gélido el tiempo, gélidamente se desnuda de sí, hace un aparatoso mutis, infringe sus reglas, sus regalos,
hace marcas en la calle para que salten los gatos, para que la luz no pierda la compostura en el aire
y la sombra no crea que ha nacido al silencio como un poeta
muerto o una mirada vacía.


jueves, 27 de diciembre de 2018

corazón de oro


Qué prosa no ha caído bajo el poder de la descripción
golosa y cruel; oh, sus personajes descubiertos, insospechados y ya mutilada su privacidad, exagerados sus defectos
(es el realismo). Qué afán por retratarse y calibrar,
desordenar el alma de la gente.

En el poema hasta los ángeles están a salvo de oraciones indiscretas. Pueden ser sin tutela ni exorcismo,
¡vuelan! Abonan el paisaje con su entusiasmo caníbal, su corporeidad. Ahí está ella difundiéndose
por la Avenida con un vestido blanco, retorciéndose ante el milagro de la noche, ajena a la impertinencia del clima,
pues tiene frío y siempre será un frío cordial. Y siempre será un paisaje entrometido, como una floración
perpetua, un acabose insólito y frecuente.

Se advierte un Área X más fotogénica, la pequeña Siberia, el recodo y basta. Un atlas
moderado, con su vegetación autónoma y sus límites frutales, su columna invertebrada; montes y riscos
vacilantes, vívidos. Esta vida que se reconcome y se relame, ruge de placer, surge
desde una celda con vistas al infierno de la redención.

En el poema, ella está a resguardo; sus piernas, a buen recaudo, sus ojos no existen
para la noche eterna, sus manos viajan
enlutadas y firmes, su pecho disfruta de la soledad. Está la palabra, está el contraste, la germanía y el beso,
están los términos del contrato con el Arte. Nada más. Un pasadizo y un árbol,
y la mañana que pasa como una persona por delante del tiempo, el sol que se dibuja en el recuerdo:
toda la sombra del mundo.

Qué desiderata, qué exilio. La prosa se desluce en fuegos vanos, palomitas de maíz para el gran angular
y el maratón narrativo, imágenes congeladas y vidas paralelas, rostros
semejantes, intimidades y maneras de morir. Ah, y la poesía es vida, retruécano y palpitación (la vida es poesía),
naturaleza que muere por su propio peso. Y porque tiene un corazón de oro.


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