domingo, 23 de junio de 2019

D. y la clase obrera de la realidad


Nadie se encuentra con nadie los viernes de los Nesselrode*,
se ha perdido la paciencia. Destiny ha formalizado su apoderamiento,
su aspecto controvertido y tan irreal (terrenal). La música  sigue condicionando la percepción, el estilo,
sigue funcionando como un catalizador de interiores, una aspiradora
de conciencias que pertenece a la clase obrera de la realidad.

El Parque ¡es tan atroz!; y eso sin ley, sin profetas ni trenes empotrados,
sin prison break ni auténticas montañas. Tampoco hay una bestia parecida a la bestia, ni un demonio
del arte de los malos tiempos. Solo está
el Ángel con sus dimensiones y su temperamento, su mística coloquial y su verso asignado,
acorazado sensible.

Rascacielos no quedan, ni performers, el espectáculo ha caído en desuso,
hasta el poema se recita solo en los muros repintados de blue. En una época de brevedad,
los árboles conspiran en silencio –como nunca–, los pájaros tiritan como nunca, el aire obstaculiza la mirada,
rinde un plano tributo al horizonte. El libro se comporta,
no se esconde en el ropero; y el poema es en puridad una torre de haikus, una congregación, el monasterio (Noravank) lleno de insinuaciones y preceptos apáticos.

Hay una escuela de soledad en medio de la noche
donde no cabe ni una sola primavera (más), ni un mísero rectángulo de hierba,
es como ir de fiesta a un jueves de los Obolenski y no cruzarse a nadie, como acelerar en una sólida
avenida sanantoniana con un efecto doppler a la espalda.

El verso da lo mismo porque es un verso roto y remachado, siempre el mismo retablo de (harta) vida,
el mismo gótico carpintero dejado y verificable, un estado
común de la materia sujeto a la entropía efervescente del entorno, esa extraordinaria paridad.

Destiny ha vomitado su parte del pastel, tan humana
y sincera, tan parecida a la bestia que no es. Su rostro ha enamorado a varias
generaciones de espíritus en ruina. Dice que el arte es aquello que nos sale, que es algo
sin trascendencia, rutinario y febril. Luego entorna los ojos y hace muecas,
y es tan bella que todo lo reforma
y lo trasciende.


* los viernes de los Nesselrode y los jueves de los Obolenski están sacados de la novela de Vasili Aksiónov ‘Isla Crimea’.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores