jueves, 11 de marzo de 2021

una ventana al orden de la creación

 

Tomas la decisión (tu movimiento informa una mecánica prohibida)
y el mundo se bifurca sobre mojado,
rastrea un sinfín de ubicaciones, cada partícula elige un vértice a su manera. Haces algo y de pronto
la vida se reinventa, todo cambia de sitio, el espacio escénico advierte una configuración
inestable, los focos se iluminan y convergen en un nudo
elástico de sentimientos culpables.
 
En otro universo, la sombra continúa dando sombra, el cielo sigue
siendo azul. Los zapatos te llevan a una casa que es tu casa, te conducen a una realidad
amorfa pero familiar, todo fluye sin estrés.
 
Así que no tienes un Ángel de la guarda
velando tus equivocaciones, ni mantienes la confianza en un dios astrónomo creador de materia,
ni mantienes la distancia con un dios exótico creador de vacío. Sientes un agujero en el alma,
un contorno que no es tuyo invade tu conciencia.
 
A ojos vista, el desierto ha crecido multitudinario,
divergente y portador de una inmensa diversidad de recorridos; te pierdes
entre tanta fanfarria, tanto significado (tanta prosa). Las palabras atestiguan un pasado influyente –anchas
columnas–, el silencio da fe de una presencia más allá del amor.
 
El mundo es una ventana abierta al orden y la experiencia; ah, pueden verse las torres
encendidas, los puentes ciegos de la noche; puede darse a luz un pensamiento, puede verse un pensamiento,
sus idas y venidas, cómo se trastabilla y se conmueve, cómo piensa en un solo sentido. Cómo
arruina una vida con un clic; es algo religioso
que no tiene que ver con la creencia en un ente forjador de tentaciones, tal vez con el destino,
tal vez con el hondo misterio de la improvisación trascendental.




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