sábado, 21 de marzo de 2020

qué se siente


Tus palabras poseen la propiedad ajena,
la inicial curvatura de los vanos espejos,
palíndromos ornados de acentos circunflejos
y flores de verbena.

Has salido al jardín de los jardines,
te has sentado en la hierba junto a un árbol valiente
y has sentido el temblor de los jazmines,
has sabido, al final, lo que se siente.

Tus ojos como flores arrugadas,
tus manos como hoces,
mejor solas que mal acompañadas
para segar los campos y las voces.

Has sacado a la calle el pensamiento
y has levantado nuevas conjeturas;
bajo el árbol devienen tus ideas tan puras
como cortantes ráfagas de viento.

La calle te sostiene la mirada, te mira
de arriba abajo con los ojos rotos,
las dos os veis tan bellas como en las viejas fotos,
que un día son verdad y otro mentira.

Tus palabras ascienden –¡enérgicas Virtudes–
desde la baja tierra hasta el Parnaso
son pájaros cantores, no son aves de paso
que pasan a tu lado para que las saludes.

Has llevado el sonido
al estado sutil de la armonía
donde el raro equilibrio de la sangre se alía
con el espacio etéreo de tu oído.

Querrán falsificarte la firma y el empeño,
escarbarán en tu fecundo origen
y el Mundo, en un pañuelo, verá cómo se afligen,
peritos incapaces de replicar un sueño.

Pues en tu afán por encarnar el Arte,
sueñas con su mirada religiosa;
hay en la noche un dios que quiere amarte,
pero al alba eres tú la única Diosa.

Has llenado la noche de palabras eternas,
has concebido el diestro lenguaje de la nabla,
Calíope serena que por tu mano habla
sobre vastos ciclones y galernas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores