sábado, 11 de diciembre de 2021

la sena ave

 

Algo que escuchar, La Sena Ave, una superposición
de sonidos residentes. Es lo que escuchan las chicas
antes de cerrar, antes de cenar para salir a las tantas con todo el bumjakjak de su corazón.
 
Las calles en ebullición y una maraña de improvisaciones
enturbiando el panorama; desde arriba no se advierten las pequeñas
debilidades del sistema, no se atienden las excusas, los altercados se agotan; hay un fantasma
que te acorrala y no sabes por qué, hay un poema que abarrota los altavoces
de la clase con su estereotipo formal.
 
Fentanilo y a correr, la cabeza para dónde, la cabeza baja de los desposeídos, pobres
autómatas al servicio de la reacción. Una novela
americana fondeando en el fondeadero, apeándose en el apeadero, siquiera
forjada en el destino siniestro de las apariciones.
 
Estamos en la biblioteca más antigua del mundo (eso dice el mundo, pero miente), los volúmenes
abultan una barbaridad —nada hondo en la cúspide de una torre
despótica y descomunal—. Vel The Wonder hacia arriba;

tratándose de ella, arde el espacio y hasta el océano asciende con el perfecto
colorido de las palabras ocultas.
 
Nadie sostiene el espejo verdadero en el que constan los últimos
autorretratos de la realidad, los próximos segundos de la espera; nadie es capaz de traducir
a Cartarescu ni calcula lo que cuesta un Max Mara en el mercado negro.
 
El piano permanece a la escucha, sobreviene como el filtro
de un cigarro sin filtro, como la sombra de un espectáculo teatral, la catarata que vendrá, esta lengua
que no nos pertenece pero
asombra  y surte una discreta alteración de carácter.


miércoles, 8 de diciembre de 2021

más allá

 

Una gota de belleza contra la entropía
legal. De la naturaleza surge el caos con todo su verdor
irrespirable, su realismo esdrújulo (por no decir). Oh, un acorde poético sobre el piano del tiempo
importa más que toda la noche estrellada.
 
El trazo abstracto del pintor, una galaxia de Pollock, el mal
policía de Basquiat ofrecen su aportación
extraordinaria al equilibrio, más que todos los atardeceres observados en conjunto
desde un balcón griego: resulta que la urna
vale más que el Sol.
 
Decimos esto. El Ángel toma nota, apunta incluso
los latidos de nuestro corazón, registra el fragor de la mirada, la tradición de los dedos de las manos,
la inmensa frecuencia de la respiración de todas las rosas.
 
Agarraos al poema, es vuestra tabla de salvación; lo traemos
dentro, lo llevamos con la correa como al perro, lo salteamos como si fuera un guiso
pascual, nos acompaña al dentista, nos coge la mano
en el jergón del torturador, en comisaría. Vigila nuestra tensión camino de Ekaterimburgo
y más allá.
 
Gritad. El Arte es capaz. Invade de resistencia
los salones de la realeza; el día que se muera no habrá pasado nada. Nadie
acudirá al entierro, ni las campanas doblarán emocionantes. Será que el Arte siempre
es cosa de un pasado impredecible, de otro lugar, que está en el mundo
en vez de en nuestra casa.



sábado, 4 de diciembre de 2021

ayer fueron las siete

 

Hay un lugar para el amor
donde las rosas robustecen su aroma en la discordia.            No lo hay. No hay
lugar para el amor.
 
Tenemos entre las manos un recuerdo que se repite
morbosamente, una constancia en la realidad, un paralelismo
idéntico a las siete de la mañana de ayer, aquella noche de hace 80 años, el mismo frío de efecto
retardado, la misma simulación inconcebible.
 
Soportar la rutina soberbia del deseo,
el cambio que precede a la desesperanza. El Sol ha vuelto a recorrer la línea
matricial del horizonte, las hojas han vuelto a volar
por los tejados, el río.
 
Somos iguales a la melancolía en el fastidio y el pánico.
Comprobamos nuestras credenciales
a cada segundo y el mundo se nos desobedece y el tiempo nos da la razón como a los locos
con un encogimiento de hombros
y paisajes.
 
Aquí el eco solemne de un disparo inaugura el respingo de una formidable
escuela de pensamiento.
 
Las personas vuelan por los aires, sobre nuestras
cabezas rapadas a conciencia; nuestro verso ya no se compadece de nadie, ya no arma
jaleo por la comida, ni busca restos de humanidad en la basura del Arte: algunos piensan
que ha sobrevivido. Debe ser
que ha sobrevivido.



jueves, 2 de diciembre de 2021

la versión del escritor

 

El poema no suele visitar el campo de batalla, por más que el escenario
contribuya a la remuneración espiritual, que la sangre sea elemento
diferencial tanto en su versión corriente como en su fina descripción
coagulada, en su rol figurante de reguero
o de gota salpicada en vano ―mancha
en la camisa nueva―, por más que la pólvora restrinja las posibilidades líricas del campanario,
incluso de la naturaleza, por más que la muerte.
 
Nos topamos con el rostro
emergente, casi vietnamita, ruso (no soviético) del Ángel, su rostro
nada maquiavélico, poco triste, escasamente
romántico (así no es). Ah, el escenario fructifica y se transforma en un ente en pacífico
desarrollo conceptual.
 
Primero el brillo acaece de improviso, un resplandor
comunitario que no precisa del ámbito nocturno, ni del hábito de la conjetura,
sorprende con su feliz economía consciente, es como si un director
de fotografía, como una bombilla espectral enfocando su modesta panorámica, su composición
ideal, su génesis (también).
 
El camino es una calle de la ciudad, el destello, un semáforo
kamikaze, el encendido intempestivo de las luces de pascua, el desánimo de un funcionario
ineficiente.
 
Pero el poema no suele transitar esas
sendas furtivas ávidas de desaliento, no acostumbra a salir en misión
de reconocimiento expresivo por las cafeterías abandonadas y los soportales
místicos; su desayuno es el hambre que viene, sus ganas son una epifanía doméstica, la versión
del productor (la mano de dios).
 
El Ángel parpadea y sus mejillas
aceptan la rosa de la fiesta, sus labios consumen un instante de la culpa
del mundo. Su voz arrastra el cuerpo de la noche
hasta nuestra apagada habitación.



lunes, 29 de noviembre de 2021

remake*

 

Destiny® ―anticolonialista― mira en la televisión su serie favorita: Reservation Dogs;
las estatuas que respeta tienen los pies de barro.
 
Dios ha desviado unos rayos
ecuestres, ha inyectado en sangre los ojos de la tierra; preparándose para un apocalipsis
de verano, otra situación
embarazosa.
 
Nativos digitales, nativos
americanos, la natividad de nuestro señor, cierta natalidad desenfocada y masiva
que avergüenza. En la pantalla, coches de segunda mano, países
ocupados y paisajes contra la imaginación. Oh, la vida es dura en la Reserva (más que en la reserva
federal), no hay espacio para la danza.
 
Notas de la buena weed interestatal; los marcianos
se han merendado la nostalgia y el tiempo recicla los pecados de la noche
anterior; todo sin malicia.
 
En los ojos de la tierra se refleja una seducción
peligrosa, como la recreación incoherente de una escena de Matrix 
o un scalextric de pánico bifurcándose en plena narración. Miseria y realismo por duplicado
ejemplar, ejemplaridad instantánea, oraciones
subordinadas a una creatividad
ombliguista.
 
Aquí está Destiny® desnaturalizada (WTF?), diplomada
en sitios libres, organizando una yincana de seres voladores.
Esta fraternidad de las corrientes de aire
trae muerte e inacción, gente sin seguridad social.
 
Bienvenidos al capítulo siguiente.
 
.
 
*Remake es el título de una novela de Bruno Galindo.





viernes, 26 de noviembre de 2021

enfurecida

 

En la ola gigante del pasado,
sobre su cuerpo de memoria usada,
su curva general, incorruptible,
y el veloz movimiento de su drama,
el diálogo que guarda con el cielo
azul en el idioma de la infancia,
la roca que se arroja a la cabeza
y el pecho del futuro que la para,
en esa edad mil veces repetida,
mil veces muerta, muerta y enterrada,
entre tantos secretos ventilados
al aire fresco que la luz consagra,
tanta felicidad, tanto destierro,
tanto tiempo mirándote a la cara
y viendo amanecer como si fuera
el día de hoy el día de mañana.
 
Sobre la elipse más determinante,
llega, indeterminada, la palabra,
desnuda bajo el frío intermitente,
despierta en el papel que la idolatra,
en el muro pintado de penumbra
y en la pared obscenamente blanca.
 
Hay un vaso de sangre que te espera,
una copa de vino ensangrentada,
bébetela y escribe lo que sea,
escribe con las manos a la espalda,
los ojos bien abiertos por si acaso,
la boca, en todo caso, bien cerrada
que en el silencio la verdad se anuncia
hermosa en su legítima distancia;
no dejes que la sombra se apodere
del luminoso cuenco de tu alma,
aprende a distinguir entre la bruma
la forma más exótica del agua,
la posición escénica del arte
―que apenas se distingue de la nada―,
la fórmula radiante que resuelve
el color enigmático del alba.
 
El verso se enfurece en las cunetas
y baila por los campos de batalla,
tiene un largo historial de sepulturas
y una pequeña historia de venganzas.
Versos a la cabeza de la tierra,
en la primera línea, la más alta,
donde se besuquean las heridas
y los nudos más prietos se desatan,
donde silba el acero de la muerte
y tocan a rebato las campanas.
 
Palabras que no riman con el mundo
porque el mundo no rima con la magia,
silencios que se caen por la escalera,
gritos que hierven en la boca helada,
versos que dicen todo lo que saben
pero no saben todo lo que callan.

 

sábado, 20 de noviembre de 2021

diciembre

 

Diciembre ha plegado sus alas
en el décimo aniversario de la noche. El cercado
remite a un cielo infinito.
 
Desde el rasante oblicuo
de la hierba puede sentirse el vaivén, el viaje del espacio. Hasta un norte
dorado y tan cercano como un espejo
donde las gotas de lluvia tuvieran
su hogar en la palabra.
 
Tosen los árboles su catálogo de hojas,
destellos que verdean anunciando el soborno de la luz; oh, hay
un extranjero en el paisaje:  
viste como un príncipe,
pero no pasa nadie.
 
Llueve sobre la playa
mínima que ha creado el feliz trasiego de los párpados, sobre los tejados aupados
en el tiempo que contempla su futuro con arrobo.
 
Nada como la soledad para sentirse
al margen de la esencia, la intimidad de un verso para verse rodeado de nubes,
aro de sombra que rueda
y se contiene.
 
 

**********

 

Pájaro de curvas alas,
embalsamado de espacio,
¿quién te ha visto en las aladas
cumbres sepultar el canto,
 
desentrañar madreselvas,
unir ramos derretidos
de rosas en pie de guerra
con relámpagos nativos?
 
Esta sombra que amanece
en tu garganta y se anima,
ávida muerte que siente
la gravedad de la vida,
 
es la misma que hace al verbo
retroceder por los ojos,
besar la piel del desierto
y en la luz tocar el fondo.
 
Viajas por fuera del aire
acelerando el futuro
y el cielo en tu voz se expande
hasta repoblar el mundo.


jueves, 18 de noviembre de 2021

bellísima inteligencia

 

Circunstancias
bellísimas, una inteligencia
supernegligente jugando con las negras (hasta 50 simultáneas en 50 universos
parcheados). Diferencia temporal, tanta
como un siglo demasiado profundo (tanto como una vida
de estricta duración).
 
1) la pena de las circunstancias 2) lo circunstancial de la existencia
3) los poemas urdidos en la desmemoria 4) las trabas de la gente y 5) los delirios
de flaqueza.
 
Este delirio es (o está en) la Poesía, linda al Este con el Arte,
al Norte con una posesión indescriptible.
 
Este verso se te ha ocurrido a ti. Se te acaba de ocurrir, es bueno ―bueno,
parece mejorable―, es una ocurrencia, algo que linda con la insensatez pero
acribilla, da sombra o ruge
como una mariposa enchironada.
 
La gente obstaculiza los pasos ingratos del alma que le interesa. Ese amor
alto como un farallón indescriptible
al Este de todas las canciones.
 
Otra forma de morir. El poema se muerde las uñas, se ha comido los ojos de otras personas
y ahora ve menos que antes, no reconoce
las cordilleras del Atlas e ignora el nombre del pájaro que sobrevuela
la luna del espejo.
 
¿Quién eres? Hacia el núcleo intransigente de la industria pesada,
su traqueteo íntimo que apenas incomoda, va concibiéndose un verso sin límites.
A pesar del tiempo.



lunes, 15 de noviembre de 2021

algo de claridad

 

Artículos y proposiciones medio
honestas, 46 poemas y una canción de despedida, es el método autista, la genuflexión
adecuada a la magia. Aquí, fuori le mura, o en el desierto,
cada verso carga con una cruz insignificante.
 
                Laura. Salta. Acto de fe, digno sin más. Su boca
fomenta un retroceso estelar, una conurbación de las señales del cosmos, ah, un verbo arrítmico
y anotador.
 
Dentro de la belleza de la mañana
sorprende el recital de la naturaleza muerta (es un joven poeta laureado); Laurel & Hardy
multipremiados ambos, ambos recitalistas orgánicos.
 
Restitución o demencia; esta fauna de términos tan sin sentido como la vida misma:
así se inculca el vicio solitario de la asociación fonética, el eco grandilocuente y sus recesos.
Llega el momento del baile, las entradas están
a la venta, pero no quedan entradas y hay que bailar bajo un manto lunar
lleno de lamparones.
 
                Se mueve con torpeza, su altura
recibe demasiada luz, su felicidad es parte del aplatanamiento colectivo. En el poema número
veintitrés la lírica alcanza su patente, es un paquete bomba
lexicalizado, un plato de pollo al curry con arroz marca acme.
 
Estamos publicando algo de claridad,
unas gotas de funk de pronóstico zombi, una buena recopilación de aquel sello
automático de los años ochenta con sus metáforas de bolsillo,
su irresistible acné y su indisimulada
perfección.



sábado, 13 de noviembre de 2021

capítulo de sal


Puede definirse la distancia como el eco difundido desde el punto central
exacto de un círculo de tamaño indiferente. El dolor podría definirse
como el centro indecoroso de una vida de duración aleatoria.
 
Paseamos por el Parque detrás de un sinfín de seres alados, vigorosas ardillas
adictas al rock&roll; los senderos no son tan luminosos, las vías giran impávidas hacia una nueva
religión. En la lejanía circula un expreso
con los camarotes vacíos, sus pasillos son puertas a la negociación del infinito, soluciones al archivo
indefinido del (en voz baja) expediente Navidson.
 
El campo se extiende sincrético (sin crédito) y aledaño por una división de universos
distantes unidos por un decadente cordón umbilical a la
metáfora más radiante de cuantas hayan sido formuladas por la literatura (uf!). Ramas de semejante exceso
poético actúan en defensa de la honestidad del Arte, simulan una colusión de intereses
con la melancolía.
 
Aquí (y allá) Laura anda concibiendo un mensaje probable, arrugas nublan su frente
blanqueada, su pecho inaugura un capítulo de sal, la nieve
funda la maravilla de un crepúsculo intacto en cada uno de sus músculos dorados.
 
La forma del poema es lo de menos, todos se parecen en el aire que respiran,
en el viento que moldea su cabello sangrante, la coraza de signos que defiende su pureza
o la terquedad de su desesperanza. Ahora el tren va
deteniéndose con parsimonia y encanto. La distancia es el último recurso de la noche
que aletea al otro lado del mundo.



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