jueves, 4 de julio de 2019

vida


Vosotros lo llamáis oscuridad, Nosotros, alma
                               Vosotros lo llamáis terror, Nosotros, alma
                               Vosotros lo llamáis dolor, Nosotros lo llamamos VIDA

Estas son las explicaciones de los ángeles,
que están muertos, pero no son espíritus,
están heridos, pero no por un arma,
están solos, pero no por AMOR.

Destiny® ha concluido su jornada pastoral, vocacional, encaramada a un tejado cualquiera (…)
desde donde se divisa la cómica atalaya de la poesía. También el cadillac plateado y reverencial del KRIT,
su auto milenario tuneado de gris perla: anda con Mara, que despierta
la curiosidad y el ánimo estilizado de la República.

A estas alturas, el cielo debe ser republicano, los pequeños ángeles,
diletantes y osados, ocupan la mirilla del observatorio, el telescopio de juguete,
el ojo ciego de la cerradura del mundo.

Ni que fuera el Parque un santuario de todos los colores, o un arrecife
encajado en la memoria como un rompecabezas
(descubierta la parada lírica, el ocultismo literario y sus inconfesables perfecciones).
Había que explicarse, porque nadie lo hace; precipitarse por la escalera de la fama,
pasar de la página siguiente, emborronar la noche y dejar de escribir.

El reverendo tira una colilla. El humo es incensario, sagrado y urticante. D® aspira a una reencarnación
pausada, similar a un cortocircuito inefable. El verso
sitúa la acción en el espejo de una alcoba fabulosa sujeta al fanatismo de un efecto óptico.
Pero le falta nervio.

Falta la crónica del paraíso, el alma de la oscuridad, el miedo que anida
y se conmueve, el ogro que se sueña después de leer cien veces el mismo poema de amor. No hay milagros
suficientes, ni programas personales para dejar de fumar,
solo este deseo al que llamamos vida y nos aguarda encogido en la sombra, apegado a la tierra,
increíble y real como una flor tiznada de futuro.



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