viernes, 11 de mayo de 2012

es real


Es tanto no decir, esta palabra,
es tanto estar callado, como muerto,
es tanto hacerse el muerto
en medio de este libro interminable.

El cielo no es tan gris,
el cielo es más azul que estar callado.

No parece real.
No existe un cielo gris que no esté muerto,
ni el sol es una nube de rígida materia,
ni la pena es un verso.

Ni siquiera el amor significa una sombra.

No parece real, no parece decir otra palabra,
ni siquiera el amor significa la sombra de una duda,
la serena intención de una mirada.

Es tanto apalabrarse este silencio,
darse la mano y apretar un poco,
ceder los hombros al abrazo inerte,
tanto ceder los labios al peso regular de la distancia.

El cielo está tan gris que se aparece,
tiene aspecto de rígida materia;
no parece decir -es tan extraño-,
ni siquiera el amor anuncia una palabra,
de tanto estar callado,
como muerto.

sábado, 5 de mayo de 2012

todavía


Todavía el silencio te retiene
en su jaula dorada. No encarcela
tu voz, sino tu luz, para que suene
tu voz como una luz que ya no vuela.

Todavía el silencio te sostiene
la mirada de hielo que me hiela
la sangre sin que nadie la condene,
ni siquiera esta voz que me consuela.

Se hace la luz en toda tu palabra,
abro los ojos aunque no los abra
y escucho un corazón que no latía.

Oigo una voz que no es tu voz y es tuya,
veo una luz sin voz que la construya
y presiento que es tarde todavía.



lunes, 30 de abril de 2012

alta literatura


Un hombre culto va a leer la Trilogía de Deptford
-que es un libro con barba sentado en su sillón de orejas-
y ya fantasea y se relame en los preliminares:
- Pues sí, yo ahora estoy leyendo la Trilogía de Deptford y...
Lo repite un par de veces. Le suena bien, a otro siglo, un siglo extranjero.
Suena no apto para cobardes incapaces de aclimatarse a Proust,
poco recomendable para lectores compulsivos que se atascan en Faulkner.
La frasecita le suena distintiva,
útil para cortejar a alguna dama con respeto por el arte,
o para destacar ante el jefe de departamento que se las da de intelectual.

Otro, más culto aún (¡el jefe de departamento!),
se prepara para adquirir la última novela de Pynchon.
El típico alarde creativo: mil trescientas páginas.
Ya subrayó la crítica que no aporta novedades, estilo no más,
pero a él le priva, le va lo del incógnito, leyéndolo se siente prominente.
Lo cierto es que Pynchon simultanea demasiado y consigue despistarlo a cada párrafo,
que no se entera mucho.
Pero a él también le gusta Rothko, esos rectángulos tan bien pintados.
Él está por encima incluso de los cultos
que van con su volumen de Robertson Davies bajo el brazo que no se les cae de la boca.

El hombre de Deptford ensaya frente a su camarero de confianza:
- Pues yo ahora estoy leyendo...
y observa satisfecho la cara de absoluta incredulidad del joven.

Tras la barra, el barman escucha con atención,
aunque, en realidad, detesta a Davies -casi que por canadiense-
y está deseando llegar a casa para terminar Contraluz,
la última novela de Thomas Pynchon, uno de sus autores favoritos.



Robertson Davies

sábado, 21 de abril de 2012

diálogo


Y bien, ¿hace cuánto tiempo que no escribimos poesía?

Venga, no jodas con eso otra vez, claro que la escribimos, a diario lo hacemos, lo sabes.

Ya, pero no me refiero a esas chorradas de las noches y los días y las ciudades, que creo que no da más de sí, por otra parte, que ya hiede un tanto, me parece, con esas avenidas y esos edificios y los pobres árboles y tal...

Bueno, ahí tienes los sonetos, ¿qué dices a eso?

Bah, los sonetos se hacen o no se hacen, tampoco creas que somos tan buenos con los sonetos de las narices. Nos falta seguridad. Y también en los sonetos se descubre esa carencia, esa falta de intensidad real que sobrevuela toda nuestra producción.

No desvaríes... ¡tú lo que quieres, lo que estás deseando, es que contemos intimidades del alma humana! Horribles intimidades que a nadie importan un comino y además son siempre falsas. Quieres que nuestra página se convierta en un confesionario, como en telecinco.

Ja, muy buena, pero recuerda a Federman. Hay que hacerse pajas, metafóricamente hablando, por supuesto.

Claro, pero es que a Federman le pasa lo que a los Roth, que hablan sin trabas de su degenerada pubertad, porque su degeneración, aún siendo aparentemente infame, no alcanza las cotas de la verdadera degeneración, no sé si me explico. No es una degeneración de la que avergonzarse, ni siquiera en el caso de Ira Stigman.

No, bueno, te has marcado una perorata interesante, muy degenerada, solo te ha faltado concluir que esas son cosas de judíos, pero mi anotación sobre Federman era marginal.  Quería decir que deberíamos ser más introspectivos, quizá, más profundos...

Hermano, no menciones la profundidad en casa del ahogado. Esa es una palabra maldita, y no por reivindicar lo epidérmico como modelo creativo, sino porque es una palabra ridícula. Me hablabas de Federman, pues yo te hablo de Everett, y de su muy realista novela en la que la profundidad suprema y alabada por la crítica estaba nada menos que en... ¡Mi poblemática!

Reconozco que me haces reír, pero sigo afirmado que no escribimos poesía, que o nos ponernos a trabajar en serio o deberíamos ir pensando en abandonar el oficio.

No te me pongas tan melodramático. Creía que había quedado claro que nosotros no podíamos rebajarnos a mentir a ese nivel. Porque de eso se trata, de mentir como bellacos. Yo no quiero hacer esa poesía de desnudar el alma. La encuentro adolescente (en términos poéticos, aunque la escriba un tío de setenta años). Lo mejor es tratar de filtrar alguna idea entre versos que no parezcan demasiado profundos, como siempre hemos hecho...¡Ah!, la poesía... Fondo y forma. Y la forma te dice que cuando encuentras un verso perfecto siempre va a resultar verdadero, independientemente de que lo sea o no en realidad. Otro poblema es que cuanto más se profundiza, más se estrecha el fondo y al final todos convergen ahí. Ahí en eso. En el fondo, que es casi una singularidad que aglutina y corta por ese patrón profundo y uniformiza la escritura de los poetas audaces.

Muy bonito. Así que, en tu opinión, la profundidad ha de ser, digamos, sobrevenida, no buscada conscientemente...

Exacto. Y es bien difícil, no creas. Hay que colocar los objetos de tal forma que establezcan relaciones entre sí y produzcan rayos de luz, más o menos... Pero no hay que andar con lanzallamas por ahí abrasando conciencias. Por cierto, ¿cómo se busca conscientemente la inspiración?

Bah, no me convences. Cualquier crítico, cualquier tipo sesudo y universitario, cualquier persona culta y universitaria se reiría de tus argumentos. Lo llamaría incapacidad. Y punto. Concretamente, lo que tú propones es que no escribamos poesía, sino adivinanzas, acertijos, ¡ocurrencias!

Por favor, serénate. Y no blasfemes. Existe un término medio. Hay un espacio entre la o y la p, como entre Lyon y Spakowski, un amplio espacio entre la ocurrencia y las profundidades abisales, y nosotros tenemos la obligación de buscar el centro. Tan lejos de la impostura como de la severidad académica. Lejos también del léxico excesivo como de las improvisaciones formales. Luego se quejan de que no los leen, los poetas, de que no se venden sus libritos de cien páginas. Nadie en su sano juicio se dedica con entusiasmo a leer algo que le saca las miserias a la luz, por decirlo de una manera gráfica, que le hurga en las entrañas y le enfrenta brutalmente con su mediocridad o con su zafiedad o con su egoísmo y su mala hostia. Nadie va a tener un libro de ese jaez en su mesita de noche...

Ja, te has envalentonado y has soltado una sarta de memeces importante. Ahora quieres descalificar de un plumazo a todos los grandes poetas, los grandes y PROFUNDOS poetas que en el mundo han sido. Porque, por si no te habías dado de cuenta, la poesía es profunda por definición, es profunda o no es. Se siente, oyes.

La ignorancia es atrevida... Por definición, dice, y se queda tan ancho. Pues nada, vamos, defíneme la poesía, machote, ya que te pones... Dicho esto, tengo que admitir que  llevas algo de razón... Pero es que algunas profundidades me sublevan de verdad. No puedo con ellas. Digo que llevas razón porque es cierto que los grandes poetas son a menudo pozos sin fondo, pero no son solo eso. Los grandes poetas son, sobre todo, misterio.

Bien, pues para resolver un misterio hay que, examinar, escarbar, indagar, en una palabra hay que profundizar, así que mejor me lo pones...

Ya, pero no es imprescindible resolverlo como si fuese un problema matemático. Uno también puede, simplemente, dejarse sobrecoger por él, o puede simplemente admirarlo, aquilatar su valor estético.

Vale, para ti la perra gorda, el caso es que así no vamos a ninguna parte. ¿Tendremos que esperar a que se muera otro de nuestros ídolos para hacer un poema decente?

Usar a Whitney para afianzar tus posiciones es rastrero...

De acuerdo, lo retiro, disculpa, ha sido un golpe bajo. Lo que no retiro es lo demás, que si no nos  movemos vamos a acabar haciendo patochadas sin gracia ninguna, para bochorno de nuestros escasos lectores.

De modo que sugieres una vuelta a las esencias, un retorno del Jedi, una involución en toda regla, un jodido Big Crunch. ¿No ves que lo que hacemos ahora es resultado de nuestro desarrollo, de nuestro crecimiento como escritores? Por descontado que dejar de escribir siempre es una opción. Pero, entonces, ¿por qué no lo hacemos y acabamos de una vez?, ¿no será que mantenemos una cierta confianza en nuestras posibilidades?

No, apenas estoy sugiriendo que seamos sinceros, nada más.

¿Sinceros?  Si ya lo somos, y por encima de todo. La sinceridad abarca un espectro comunicativo de lo más amplio. Nadie deja de ser sincero por no decir toda la verdad. Pero ya sé a lo que te refieres, no quiero entrar en una dialéctica miserable contigo. Hablas de la primera persona, de escribir más en primera persona y con hondura, ¿no es así? Y todo porque la primera persona conduce a la profundidad, revela sus secretos si no quiere pasar por inane y aburrida, tiene que echar el resto, que comportarse. Olvidas que nosotros teníamos un empacho de primera persona que nos hacía vomitar obscenidades, es decir, intimidades, a las primeras de cambio. Y, claro, ya dice Gombrowicz que hablar de lo que no se sabe es garantía de incurrir en flagrante error de estilo. Lo mejor es que Gombrowicz se equivoca e incurre él en su famoso error de estilo cuando afirma lo que afirma. No entiende que si eso fuese así, terminaríamos por allanar la literatura de una manera escandalosa, porque lo que la gente en realidad conoce no es mucho, y la mayoría conoce las mismas cosas. Así que uno lee la poesía publicada por ahí, en los sitios prestigiosos de la red y casi nunca se sorprende de nada. En general, poesía cortada por el patrón de los concursos literarios. Debemos huir de esa fatalidad.

Ya, pero es que a mí me da envidia a veces leer algunas cosas serias y me pregunto, ¿no podríamos nosotros hacer algo semejante?, ¿intentarlo siquiera?, ¿o es que estamos ya en baja forma, en caída libre, fuera de onda? Eso es lo que me pregunto, si no habremos completado nuestro ciclo.

No lo creo, es más, estoy seguro de que, ahora mismo, podríamos tener una idea. Podríamos escribir ahora mismo un poema solo dejándonos llevar, empleando recursos de nuestra vasta reserva lírica...

¿Ves? Te delatas, supongo que sin pretenderlo. ¡Cómo que dejándonos llevar! Si es precisamente a eso a lo que me vengo refiriendo desde el principio, a ese desvanecimiento creativo que padecemos que no salimos de las calles y los vehículos y la gente rara que hace tonterías y ese cielo y esa noche, que hay que joderse con tanta oscuridad de pacotilla. Hay que joderse porque el rollo fluye, ¡y cómo no va a hacerlo si no posee ninguna solidez!

Je, sí, lo de la vasta reserva lírica iba de coña. Quería expresar lo siguiente: que no necesitamos a una musa tocándonos los cojones para escribir un poema, ni oír campanillas, ni rezar un padrenuestro. Que nosotros no somos de esa clase de poetas que sufren eclipses prolongados, que se ven abandonados por la inspiración y todo eso. Que nosotros no somos poetas. Verás, y con esto doy por zanjada la discusión, si no te importa, cuando menos por el momento; nosotros vamos diciendo, tenemos que decir y probablemente lo haremos, y tal vez nos dejemos lo mejor para el final, como Henry Roth, y puede que entonces superemos la degeneración tan literaria de Ira, y la nuestra, nuestra deformidad, sea a los ojos del mundo tan cierta, grotesca y monstruosa que cause verdadero pavor...

Largo me lo fiáis...

¿Acaso dudas de nuestra clarividencia?

No osaría... Oye, me ha encantado lo que has dicho hace un momento, lo de que nosotros no somos poetas. Efectivamente, has zanjado la discusión de forma rotunda, eso sí, a mi favor. Si no somos poetas, es lógico que no escribamos poesía.

Ah, pero yerras, caes en la trampa como un cervatillo desvalido. Precisamente porque no somos poetas siempre escribimos poesía.


sábado, 14 de abril de 2012

éxodo

Será preciso el exilio de uno mismo,
la diáspora desde el íntimo centro hacia la masa compacta
de los que no buscan respuesta a su desánimo.
Nuestros músculos hacen necesario el camino,
porque habrá que correr sin escuchar la voz de la conciencia.
Nos pondremos en marcha con el cuerpo a la espalda
y montaremos trenes varados más allá de las ciudades.
Cruzaremos ríos de fuego y comarcas profundas,
como falsos cometas estrellando el crepúsculo.
Por la página en blanco, avanzará de noche
nuestra pequeña caravana clandestina;
iremos cada uno todos juntos levantando columnas
de polvo universal, meditando bien nuestras imperfecciones.
Ahora, basta una máscara que nos preste atención,
tenemos suficiente con un beso sin carne;
hacemos nieve, nos protegemos del frío, rodeamos la hoguera
y bailamos quietos sobre el barro con la música densa, intacta,
que interpretan los árboles y el aire traslada con delicadeza.
¡Ah, nuestra aventura de metal! Nuestra acristalada vida,
tan sucia, toca a su fin, el ansia se desvanece, se va desvaneciendo
con escaso estallido, sin deliberación, ni pausa.
Aquellos días felices de tristeza infinita no volverán a hacernos desgraciados.
Aquella soledad que no se hallaba seguirá llamando a una puerta cualquiera.
Habrá que recorrer largos espacios en los que la emoción será un desierto
sembrado de fronteras. Y al bajar por las calles del pueblo abandonado
jaleará la piedra nuestros pasos idénticos,
el rizo monumental del movimiento airoso, la cuadratura exacta de las filas,
el vacío momento de los ojos.


lunes, 9 de abril de 2012

diario nocturno

Se desinstala el arte de la luz,
la calle va escalando en la penumbra,
una rata espabila.

La ciudad disminuye hacia el proyecto
de las sombras que fingen situaciones y anulan el karma.
Avenidas que laceran sus extremos
se retuercen formando vertiginosos circuitos,
vuelan árboles a media altura emitiendo un zumbido vertical.
Varios semáforos que ya no temen a los escaparates
desmenuzan tráfico
(otros trafican directamente con sustancias visuales).
En el último piso, el viento holgazanea, se lanza y gira,
resbala en la fachada con un soplido incómodo.
Las manzanas del barrio
inspiran crecimiento y exhalan aflicción;
un coche robado pasa con las luces apagadas
en dirección al parque del fin del mundo.

Gente corriente vaga por las aceras arrastrando los pies,
emulando un apocalipsis de bolsillo.
Una mujer baja del coche y tropieza en su cuarto de baño,
una chica distinta camina sobre un alambre dorado;
los chavales comienzan a devorar futuro
y afinan su romántico hip-hop.
Líneas de vida que se entrecruzan, discurren paralelas
o anotan la curvatura del espacio.
¡Oh, es la vida de Renfield!, la que asalta a punta de deseo.
La sangre colosal, el círculo degenerado.
Es la vida más tenue, la que se pierde a solas,
la que se pierde a ciegas, diminuta y nocturna.

Pretender un atisbo de duda no parece prudente:
es de noche y el aire ha terminado de acercarse al cielo. 

sábado, 7 de abril de 2012

compromiso



Ellos alzaron su cadalso injusto
sobre los hombros de la clase obrera
sin apearse de su gesto adusto
ni en la sonrisa de la calavera.

Pero el cuerpo del pueblo es tan robusto
que cedía a su peso la madera
y cedía el acero al peso justo
de su espíritu libre y su quimera.

No tuvieron en cuenta el compromiso,
la compasión que anida en el deseo,
la voluntad de hierro que nos guía.

Y vieron calcinarse el paraíso,
y maldijeron a su Prometeo
mientras se alzaba el pueblo y no cedía.




sábado, 31 de marzo de 2012

un día de huelga






El empresario se levanta temprano,
entra en el baño, orina y se mete en la ducha. Sale en siete minutos.
Siete minutos de huelga general.
Acto seguido, abre la ventana y respira la paz social de su polémica urbanización.

No se divisan masas en lontananza. La revolución se hace esperar.

Las masas llevan horas recorriendo disparatados polígonos industriales
y competitivos parques tecnológicos.
Banderas rojas y pancartas, los piquetes avanzan
conquistando parcelas de efímero dominio,
taifas de orgullo proletario.

Podemos congelar un país.
Los Sindicatos gestionan el demoledor efecto de su advertencia:
el estado cubierto por una pegatina; el gobierno pegado a la pared.

Hace calor. Las avenidas descansan de su endiablado tráfico
y hasta los pájaros libres se hacen los remolones.
Aquí y allá, algunos trabajadores que desoyen la consigna,
algunos automóviles de mirada furtiva.

No se recogen basuras, los niños no van al cole
y muchas parejas se quedan un rato más en la cama en señal de resistencia.

Hay hombres solitarios que se despiertan y salen a la calle sin afeitar,
muchachas paseando al perrillo esquirol,
nubes pintarrajeadas con lágrimas de luz

La radio informa.
Es un día de huelga general.

Y las chicas se dicen: mañana volveremos al trabajo.

sábado, 24 de marzo de 2012

qué no hacer

Es importante no acumular sonrisas como billetes de banco,
cortar una secuencia de los cielos,
amar con instinto.

El sufrimiento es un arcón celeste
y, sin saber por qué, es una pertenencia,
impertinente, rancia,
que fomenta el abismo en la arquitectura de los corazones.

Los héroes no sufren,
se vuelcan en el acto permanente,
prefieren conmover a conmoverse a la vista del mundo,
sobrecoger a sentirse sobrecogidos por un espanto sencillo;
el resto no termina de aclimatar su latido al rigor del presente,
no consigue acuñar sus intenciones,
sus escenas son tibias e imperfectas del todo.

Solo ciertos poetas se devanan los sesos pensando qué no hacer.

Eludir el trámite fugaz de la belleza
es como inventarse de nuevo aquel monstruo real,
tener miedo a la luz.

viernes, 16 de marzo de 2012

ávidos de terror

En la radio a todo volumen del coche con las ventanillas bajadas
parado en medio de la calle a la hora de la siesta
no está sonando Statik Selektah, por desgracia,
sino una ametralladora disco.

Veinte o treinta individuos abren un ojo impresionante
mientras se preguntan por el juicio final.

No llueve nada, para joder más.

Podía, por ejemplo, estar lloviendo,
pero hace un sol tan rápido
que no se ve de limpio que está el aire.

Si dar patadas a una lata es un escándalo
que le rompe los brazos al sereno proceder del ambiente
            e inmoviliza pájaros,
si dentro de la lata hierve el espacio en su brea de notas infernales,
onda expansiva, ruido que no hace ruido porque es demasiado seco,
entonces,
la música que sale de la radio a todo volumen del coche con las ventanillas bajadas 
parado en medio de la calle a la hora de la siesta,
aunque no sea de Statik Selektah, es un bien cultural
-¡semejante alarde sónico!-
para regocijo de las masas somnolientas,
ávidas de terror.

lunes, 12 de marzo de 2012

incluidos tus ojos

Retornará aquel aire iluminado de invierno;
no tendrás que sentirlo, no tendrás que reconocer mis labios.
Hablarás de ello, con el silencio como único aliado,
florecerá despacio la rosa de tu nombre.

Vientos extraños purifican el mundo. En cualquier corazón,
se produce una generación espontánea de materiales simples,
incluido el amor.

Tal vez no digas nada y solo sientas una presión ingenua en cada hombro.
Tal vez no dices nada y solo sientes un techo de cristal.

La soledad abierta que consume los párpados,
¡oh!, volverá con ímpetu a conquistar tu ausencia, a nublarme la voz.
No tendrás que sentirla, porque nada ha cambiado y todo cambia.

domingo, 11 de marzo de 2012

la noticia es un niño con cara de perro


y estas son las noticias del día


            asistentes a un concierto de rock desarticulan una brigada antinarcóticos

            bases de hip-hop acorralan al clero

            el intento de suicidio del magnate X causa centenares de víctimas

            el tribunal supremo se hace novio de la muerte

            las tríadas boicotean una reunión del G-20 a golpe de kung-fu

            el CERN descubre indicios de humanidad en el gobierno estadounidense

            algunos extraterrestres saben inglés

            un rapero en actitud desafiante dará el mensaje de navidad del rey

            la productividad se plantea exigir sacrificios humanos


y ahora nuestra frase del día

            perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores
                (anónimo)

sábado, 3 de marzo de 2012

c l i c k

una araña de fuerza en el espacio
lámpara trágica
un pensamiento correcta perfectamente bien encadenado
piramidal o de otra forma
excéntrica
plagada de dimensiones ocultas
            el donut surreal comiendo pensamiento
            atiborrándose y siendo devorado por una idea insensata

radios y otros animales
deslucen la velada tan disipada y libre
rodean el descanso de una sinfonía agridulce

alguien promulga y el cerebro bendecido y todo se ennegrece un poco
moja el hocico en un marrón de salsa
se aparece a sí mismo y se asusta de tanta maniobra
no puede pensar
se le ha olvidado
divaga
alittlebit

al principio es un click que es un c l i c k una chispa demasiado nerviosa un letrero en el fondo un movimiento mecánico tal vez de las pestañas o de un brazo qué brazo una mano qué dedo de la mano qué mano pero puede que sea
una palabra

ni siquiera un verbo
y es el origen de una aspiración
y es en el puto taco de salida
la puta casa en el cuadro pintado con los pies
el puto árbol así él solo sin su verde nación
la puta rosa maquillada como una cortesana

y puede ser un cuadro con árbol casa y fuente
o puede ser un mundo con personas pequeñas
haciendo sus deberes al unísono como un solo hombre

en el origen viene alguna flecha dardo envenenado
concepto
que antes de pasar a la acción ya deslumbra

viene la casa y es una casa grande de felices ventanas
de diez pisos donde vive la gente
de campo en ruinas con desván
una casa de campo donde vive la gente en el desván
que en cualquier caso puede ser derribada

de hecho cuando viene el árbol
suele estar seco
seco y derribado

la rosa suele estar recién cortada cuando viene la rosa

no obstante
la fuerza permanece
el potencial tan potencialmente peligroso
subsiste
y la palabra engendra se derrama exige
una palabra de recambio algún artículo
sueña con ponerse en marcha
con la lengua afuera como el perro que espera la orden de su amo

inevitablemente
el signo tiende a matizarse
a materializarse

por encima del escándalo del ruido
aflora una organización mental
en lucha contra el recuerdo que bombardea neuronas con memoria pesada

el signo se organiza o bien se desvanece entre la forma
se monta en una imagen repentina
y sale a reconocerse en el vacío
franquea invisibles obstáculos
cabalga hasta perderse en la distancia de su eco
exprime su infinita propiedad semántica
            de hecho cuando reduce su entropía
            florece hasta abarcar una obra completa

mil globos de colores
invaden un rectángulo de noche
en la melancolía que habita la posibilidad
antifaces grises festejan en silencio

la frase carraspea silabea se une al coro de lluvia en los tejados
la frase se hace agua salta eléctrica
riega una franja de conciencia inunda la ciudad

ahora es un baile un simulador de batallas aéreas en la misma nube
una ciencia ficción de señales luminosas

la nueva idea escoltada por un libro de ocurrencias
trasciende de continuo sobre la imperecedera evocación
habla en su nuevo idioma que no es otro
brilla rocosa y joven con su eterna promesa
de libertad

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